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  humor > ChistesSoy Emmet Ray

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se publicó en la web el 24 de Octubre del 2008

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  Categoría: humor > Chistes
  Titulo:

En demasiadas ocasiones me siento como Emmet Ray. Un tipo algo duro, al menos en apariencia. Alcoholizado, solitario, sólo comprensible por sí mismo. Pero tiernamente real y descorazonado de toda supercialidad. Emmet Ray es un genio del jazz, un guitarrista magistral, sólo superado por el hombre que le obsesiona: el legendario Django Reinhardt. ¿Todavía no conocen la historia? Woody Allen le dio vida. Es su padre. Su progenitor más absoluto de nuestras historias contadas a través de este totem. ¿Recuerdan? Pero padres tenemos muchos que narran nuestros reflejos y los hacemos nuestros cada vez que mordemos nuestro silencio y nos acogemos a nuestra soledad. Sin embargo, en cuanto baja del escenario, Emmet se convierte en un tipo arrogante, zafio y mujeriego que bebe demasiado y que disfruta disparando a las ratas. Por no decir las trasnochadas madrugadas en las que se tiende en la ribera de las vías del tren para que sus ojos sean sus únicos y testigos pasajeros. Sus ojos contemplando aquellas moles de acero y hierro son los únicos capaces de mejorar su vida presente y, en suma (y por definición), su vida corre plegada a estos raíles perennes. Él sabe que es un músico de jazz con talento, pero también que su licenciosa vida de jugador y bebedor, su tendencia a meterse en problemas y su incapacidad para comprometerse le impide alcanzar la cima profesional y sentimental. Un día Emmet conoce a Hattie, una chica muda con la que comienza una relación demasiado seria para su gusto. Esto será un punto de inflexión. Su punto de encierro y final. Creo que todos guardamos un Emmet dentro de nosotros. ¡Qué demonios! ¿Si no entonces por qué se graban las películas? ¿Deben contarnos algo o ser nuestro reflejo luminado? ¿Qué somos? ¿Qué son?...En fin, versos de palabras, sólo versos... Quizá invierta en mí una cinta de regazos. O me acote y me reconvierta en un anunciador de siglos, para que sigas conmigo. Para ello he de agitar mis pómulos anaranjados y no ruborizarme por deberme tanta parte de mí. En mi, en mi y conmigo sobre mis pasos de aguacero, que no caen ni manchan de agazapados sirvientes naturales. Cuando vuelva al volver y no lleguen nunca bajo nuestras barbillas las saetas de romance bajo, entonces tocaré tres planetas y romperé los cascarones de cielo. Me recogeré sobre mis hombros y escribiré algunos versos en mi Hispano Olivetti. Tomaré un rumor de pasos otra vez y una taza de café. Solo, por favor. Callaré hasta que el silencio tense sus estambres ajados de amuletos. Perderé una estrella y mil constelaciones por descubrir y ser nombradas, si hace falta, y piden mi cuerpo otoñal, aquejado de otras manos.


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