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se publicó en la web el 22 de Febrero del 2010

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  Categoría: humor > Parodias
  Titulo:

Estimado Gualtruzzi

Estoy plenamente seguro que Usted evaluará los acontecimientos que voy a narrarle con su equidad acostumbrada. No es fácil ponerse a escribir sobre algunas cosas. No es que considere, Gualtruzzi, que nuestra relación no tiene la cercanía suficiente para eso. Por algo Usted se ha dignado recibir esta misiva. El solo hecho de que se tome esta molestia -la de dedicarme aunque sea unos minutos de su valioso tiempo- hace de mí un agradecido servidor. Lo que ocurre, es que me siento extraño ante el hecho de tener que compartir con alguien estas desventuras. Es casi como contar una intimidad, un secreto profano reservado solo a los más reconditos laberintos del alma.

Para empezar, es importante destacar que no fui dotado por las divinidades con un talento especial. Para ser más preciso, no he sido dotado por la naturaleza de talento alguno. No me estoy refiriendo tan solo a las destrezas especiales, aquellos que hicieron brillar a ilustres prohombres y artistas de nuestra historia. Me estoy refiriendo lisa y llanamente a la nada, a la total y absoluta carencia de habilidad que me destaque sobre el resto de los mortales. Eso explica mi anodino paso, en esta vida, en el terreno de las artes, del deporte o de las ciencias de la naturaleza.

Y esto no hace fácil mi actividad literaria. Créame que no es fácil ponerse a escribir cuando se carece, total y absolutamente, de las condiciones mínimas necesarias para ello. Usted, Guatruzzi, podrá preguntarse entonces porqué lo hago, y de una manera aún mas directa podría inquirir el porqué me atrevo a solicitar que dedique unos breves momentos de su atención a una lectura inconducente que posiblemente podría emplearse en otra actividad –incluso en otra lectura- de mayor valía.

La realidad es cruel, pero por alguna razón, cuanto más se carece de estímulos vitales para las actividades creativas, cuanto más nos es negada la inspiración divina, con más tosudez nos resistimos a aceptarlo.

Quizás -justo es reconocerlo- si me hubiera destacado en alguna otra de las muchas actividades que intenté en mi vida, por ejemplo, si en tercer año de la secundaria hubiera podido ingresar,. tal cual era mi intención, al seleccionado de fútbol de mi Colegio yo podrá haber canalizado –por así decirlo- mis impulsos vitales en algo que no fuera producto de la veta artística. Pero la verdad es que fui –y sigo siendo- un negado para los deportes. En las ciencias ocurre otro tanto. No hay fórmula matemática, nomenclatura química, ecuación algebraica o clasificación Linneana que mi mente sea capaz de retener por más de unos breves segundos. Mas lejos aún de mis posibilidades se encuentra la interiorización de cualquiera de estas entidades malévolas, las que me parecen tan incomprensibles como la lectura de un rollo de papiro del Mar Muerto

Usted, Gualtruzzi, ya ha llegado a conocerme un poco más dada la intensa relación comercial que hemos sostenido en estos últimos meses. Sabe entonces que ya tengo mis años. Con el correr de los mismos, ya había dejado de reprochar a las divinidades, cualesquiera sean éstas o donde fuere se encuentren, la notoria injusticia de no poseer musa inspiradora alguna. Usted, mi querido amigo – luego de tantos encuentros en su oficina del Banco lo considero un amigo - habrá sentido hablar de las musas: Esos seres distantes y etéreos que aparecen en la vida de los hombres destinados a brillar en alguna actividad artística, concretamente la música, las artes o la literatura: Como Usted G


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