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  ficcion > Narrativa LibreReloj de los estados

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se publicó en la web el 16 de Marzo del 2009

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  Categoría: ficcion > Narrativa Libre
  Titulo:

Estaba a escasos centímetros de ella. En aquel ambiente de pudor y ansiedad, la imaginación dibujaba una figura femenina. Su silla estaba pegada a la de él, pero nunca había observado su rostro. Sabía, mejor dicho intuía, que era morena, algo pálida de piel, pero poco más. En el silencio tenso silencio, pensaba en extroversión y flirteos. Imaginaba iniciando una conversación, intranscendente, quería mirarla a la cara, ver sus ojos, nariz, labios. Perdía el rumbo y seguía escribiendo. Ella acariciaba su pelo de vez en cuando. Aquella hora se volvió a perder en el tiempo. Todos salen de la sala, vuelve el silencio y la oscuridad, hasta la siguiente semana. La oscuridad no es total y nos deja ver una sombra. Una figura sentada . Permanece inmóvil, pero como si de un acto reflejo se tratase, gira su cabeza hacia la derecha y mira la perfecta fila formada de pupitres. Allí se queda la sombra. Fuera el viento ciega a los peatones y cambia el rumbo de aquellos que no saben donde ir. Conversaciones anuncian la muerte del verano. Sirenas llaman al orden y éste aparece, todos se calman. La noche en tormenta no era apetecible para el chico tímido y pudoroso que vimos en el aula. Renunciaba a momentos atemporales, se regocijaba en sus penas infundadas y mientras tanto mantenía la compostura. La perdida de la inocencia y una moral llena de prejuicios hacia su persona marcaban el tic-tac del reloj de los estados. Era un reloj real, el reloj de los estados le acompañaba allá donde fuera y era tan inexacto como una predicción apocalíptica, pero aun así, aquel mecanismo le daba seguridad. La noche en tormenta anunciaba el inicio de la función, el telón no bajo esta vez, el reloj fue aplastado. Se perdió en el camino, el viento cambiaba el rumbo y ademas confundía al inocente. El inocente había perdido el reloj y éste fue aplastado. Mientras soñaba con viajes de largo trayecto en trenes repletos de gente, su sueño se quebró de forma violenta y despertó. Salió corriendo de casa. Las tinieblas escondían aquel tic-tac y él lo necesitaba, lo deseaba, perdía la consciencia y se ahogaba en vómitos si no conseguía encontrarlo. Desesperado lo buscó y no lo encontró, pero conoció a la sombra. La sombra le habló del tiempo, estudios, trabajo y después de despedirse, desapareció. Perdió el conocimiento, donde había perdido el reloj, en las calles inundadas. Las calles estaban anegadas de agua y se formaron riachuelos que arrastraban cosas sin valor. Despertó entre envoltorios varios y pañuelos húmedos pegados a su cuerpo. Despertó en un lugar sin nombre, sin ruido y sin clima. Pensaba en la muerte del verano y en camiones cargados de basura arrojada por turistas. Decidió sentir odio, aunque no conocía el odio, así que creó el odio a su imagen y semejanza. El odio era una sombra, similar a una nube negra que hablaba sobre temas banales e insultaba en latín. Decidió ser odio y regresar por el reloj.


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