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  terror > Asesinos en seriePsicópata... 2ª parte

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se publicó en la web el 11 de Febrero del 2009

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  Categoría: terror > Asesinos en serie
  Titulo:

Psicópata ... 2ª parte “Al incorporarme a la vía, allí estaba, haciendo autostop con el brazo derecho extendido y el pulgar hacia arriba. Al rebasarla, una idea horrible me abordó. Frené y salí al arcén quedando parado a unos treinta metros. La vi por el retrovisor, con aquella minifalda moderna y colorida, que más me pareció un cinturón ancho, haciendo juego con una blusita floreada, tipo torera, escotada y anudada a la cintura. Se acercaba hacía el coche tranquila. Sus largas piernas se enfundaban en leotardos negros y unos calentadores multicolores tapaban casi por completo unas deportivas azules muy llamativas, como toda ella. ¿A quién pretende engañar con esas pintas? – murmuré. Las coletas rubias y su estilo de caminar la delataban. Medía algo más de metro setenta y debía pesar escasos cincuenta kilos, típica talla famélica de las modelos. Al subir al vehículo, apoyó una pequeña mochila sobre las piernas, ¡qué ingenua! ¿Acaso se cree una colegiala? – pensé, ofreciéndole una mirada angelical. Desde el principio no me gustó. Al hablar se expresaba de un modo barriobajero, pero acepté de mala gana llevarla hasta un cruce situado a quince kilómetros. Tampoco me gustó su pelo, sobre todo las citadas coletas, adornadas con lazos igualmente azules. Su tierna juventud, pretendía ser encubierta con exceso de maquillaje. Enseguida tuve claro que, como imaginé, se trataba de una ‘cualquiera’ bastante pija. Mientras conducía, percibí cómo las palmas de mis manos empezaban a sudar y otra vez ese absurdo pensamiento pululó por mi mente. Ella no paraba de hablar y de gesticular. Me miraba y se mofaba de cuanto yo respondía con una sonrisa fácil, boba. Se me brindaba una oportunidad de oro, quizás única, para demostrar si una teoría que discutía con frecuencia con unos amigos, en la que intentaba convencerles de que podría ‘hacerse’ sin riesgos, se sostenía en la práctica. Aquellos pensamientos me habían despertado un instinto macabro y cruel hasta puntos insospechados. Llevaba algún tiempo obsesionado con la idea y había realizado una especie de guión en mi cabeza, de cómo debería llevarlo a cabo, con garantías para quedar fuera de toda sospecha, pero no imaginaba que la mente humana jugara tan malas pasadas. Noté que algo se fundía ahí dentro y todo cambió de un modo radical... Poco antes de llegar al cruce y comprobado que no había más coches en la zona, no perdí tiempo en pensar y le asesté un fuerte codazo sobre el rostro seguido de un puñetazo en la cabeza. Creía que al igual que pasaba en las películas, la joven se desmayaría, pero no fue así. La niñata de mierda se revolvió y consiguió arañarme. Reaccioné ensañado, golpeándola repetidas veces con ambos puños y mucho más fuerte. Al chocar su frente con el salpicadero, noté como la rigidez del cuello se desvanecía y los brazos caían a plomo, haciéndose un silencio espeso. Giré el espejo interior, orientándolo hacía mi pescuezo. Al ver los surcos con pintas de sangre en mi piel, la marca que me había dejado, supe que lo primero que debía hacer al llegar a casa, era practicar una ‘manicura’ a esas uñas tan largas. Había comenzado un juego terrible. Me apresuré, girando el volante y cambiando el sentido de la marcha. Debía llegar al domicilio antes de que la chica recobrara la conciencia, no podía determinar cuánto tiempo más estaría en aquél estado. Seguro de que nadie nos había visto, regresé a casa en poco menos de diez minutos, que me parecieron horas interminables. A mitad del trayecto, al mirarla, le hundí una mano en la cabellera. Recordé lo poco que me gustaban sus coletas y le arranqué los lazos de un tirón. La cabeza, inerte, volvió a chocar contra el salpicadero. Sólo cuando entré en el garaje y bajé su cierre, pude respirar hondo y tranquilizarme”...


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