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  ficcion > Ciencia FicciónMadhí, capítulos 16 a 20

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se publicó en la web el 04 de Agosto del 2008

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  Categoría: ficcion > Ciencia Ficción
  Titulo:

16 Chris bloqueó el golpe de Galdian con su pesada espada de estilo medieval, haciéndolo retroceder lanzándolo contra el montón del dinero. Tras esto metió la mano en el manto rojo y sacó una de las uzis que llevaba en la espalda. Con ella apuntó Galdian. -No me obligues a hacerlo… Créeme que no me gustaría- Dijo -Dispara, no te tengo miedo- Dijo Galdian agarrando firmemente la espada-chapa. -No te mereces una muerte así, tan poco honorable. Antes de alguno diera el siguiente ataque, Kimura y sus soldados de élite irrumpieron en la sala. Los japoneses se dispersaron disparando con sus armas a los hombres de Chris, grotescos con el manto y las máscaras, y a los golem. Pero Kimura fue directamente hacia el dinero. El comandante llevaba una expresión mucho más seria de lo normal. -¡Kimura, por fin! Vamos, con tu ayuda mataremos a Chris- Dijo Galdian volviéndose hacia el japonés. Pero Kimura, una vez se acercó al dinero, accionó el mecanismo del elevador. El dinero comenzó a descender y Kimura con él. Cuando Chris vio que su preciado botín desaparecía disparó su metralleta, pero Galdian volteando la espada-chapa delante suyo a modo de escudo paró las balas. Después, mientras la plancha de acero cerraba el hoyo, saltó cayendo sobre los sacos de dinero. Aun le dio tiempo de mirar hacia arriba antes de se cerrara el agujero completamente, y vio a Chris mirándolo con rabia y gritando su fracaso. Debajo del elevador, había un túnel. Allí, iluminado levemente por unos focos dispersos por el techo, Galdian vio un camino asfaltado y una furgoneta. Junto a ella esperaban dos de los soldados de Kimura. Los hombres sabían el procedimiento a seguir, y en cuanto el elevador tocó el suelo, los dos hombres y Kimura comenzaron a meter las riquezas en el vehículo. -¿¡Qué se supone que estás haciendo?!- Dijo Galdian cogiendo a Kimura de su armadura de samurái. -El plan ha fallado. Ahora lo importante es huir para evitar que Anger se lleve el dinero. -¿Que el plan ha fallado? ¡Pero si ni si quiera has luchado! ¡Has dejado a tus hombres allí arriba y ni siquiera has intentado pelear! -En cuanto vi a los golems me di cuenta de que no había escapatoria Galdian le soltó. En eso tenía razón. -Por lo menos el dinero volverá a quien realmente lo necesita- Dijo Kimura miró a sus hombres, y a una señal desenvainaron sus katanas. -Me temo que no lo entiendes… Nunca venceremos a Chris. Los soldados de élite que manda son muy poderosos, ya sabes por qué. Si preparamos una trampa o dos o las que sean, al final solo será ofrecerle el dinero en bandeja. Los soldados atacaron. Galdian se agachó para evitar al primero y con el contraataque lo dejó medio partido por la mitad. Medio segundo después se incorporó levantando en el aire la oxidada espada y al bajarla destrozó el cráneo al segundo hombre. Después lamentaría matar a aquellos hombres pero ahora solo pensaba en Kimura, en lo falso que era. Al final la advertencia de Barf resultó ser cierta. -Desde el primer momento planeabas hacer esto. Nunca te importó tu misión, solo querías huir con el dinero. ¿Y tú eres un soldado lleno de honor? ¿Tú, que has sacrificado más de doscientos hombres solo para enriquecerte?- Gritó Galdian -Si hubiéramos luchado, habríamos muerto. Sí, lo tenía planeado desde el principio, pero estuve tentado de no seguir adelante, ya que en cuanto vi a los golems pensé en olvidarme del dinero. Yo no quiero morir todavía, pero esta era una buena ocasión para poder jubilarme a lo grande. Es honorable morir por tu causa, si, pero en esta misión no hay honor, solo hay estupidez. -Morirás. Yo mismo te mataré por traidor y por cobarde. -¿Y si repartimos el dinero?- Kimura intentó un último método de evitar la pelea. -En guardia, hijo de puta -No hay elección pues…- Desenvainó las dos katanas y se preparó para pelear. Galdian cargó pero el japonés bloqueó la pesada espada poniendo sus katanas en cruz. El japonés sería un cobarde, pero hay que reconocer que sabía luchar. Muchas veces Galdian se las tuvo que ver para parar con rapidez los ataques de Kimura. El japonés no usaba una espada para atacar y otra para defender como era habitual, en cambio, alternaba el ataque y la defensa con ambas espadas, siendo totalmente impredecible. Galdian tuvo que hacer un gran esfuerzo para parar todos los ataques. Nunca hasta ahora había tenido que mover la espada con tanta rapidez. Los envites del japonés eran tan veloces que Galdian solo podía defender. Cada vez retrocedía más y más hasta que tropezó con un saco de dinero y cayó de culo. Kimura aprovechó el momento para clavarle la Katana pero Galdian se apartó a tiempo y el japonés clavó la katana en el saco. Galdian aprovechó el momento para lanzar un tajo en horizontal, pero Kimura se apartó, desclavó la katana y se puso en guardia de nuevo. Ambos contendientes se miraron, midiéndose, intentando anticipar el siguiente movimiento del otro. Entonces Galdian sonrió y bajó el arma. -Tu mismo lo dijiste.- Dijo- Aquí no hay honor, solo hay estupidez. Kimura lo miró, desconcertado, sin saber lo que iba a pasar. Galdian, con calma, desenfundó su pistola, la que solo le quedaban cinco balas. Con ella Galdian apuntó a Kimura. La combinación de la penumbra del túnel con la lucecilla azulada que salía del marcador digital del arma hacía que la cara de Galdian tomara un tono azul, fantasmagórico, espectral. Kimura vio su muerte en aquel rostro. No iba a morir con honor, en combate singular, iba a ser asesinado como un delincuente cualquiera. -Ésta es la muerte que te mereces. Aunque aún no es tarde…devuelve el dinero al pueblo y saldrás vivo. Kimura se lanzó al ataque, pensando en que Galdian fallara. Pero no falló. El disparo le dio en la frente y el japonés cayó encima de los sacos de dinero. Ahora la pistola marcaba cuatro balas. 17 El castillo Fuhinawa se derrumbaba. En la porción de tierra que separaba la península, Patrick y Calcetines observaban el derrumbe. A su alrededor yacían todos los soldados japoneses que formaron parte del escuadrón de Patrick. No había rastro del Duque ni de sus hombres, por lo que supuso que o bien Chris salió del castillo y se los llevó o tuvieron que batirse en retirada. De pronto, por la puerta del castillo, rodeada de llamas, salió cojeando tratando de correr un hombre, que estaba agotado. Llevaba su espada arrastrando por el suelo y se le veía asustado, corriendo sin dejar de mirar por encima de su hombro. Llevaba un manto rojo, por lo que era uno de los soldados de élite de Chris. Aunque lo más sorprendente fue que lo perseguía un hombre de fuego. Patrick recordó aquél día en la nieve y se tranquilizó porque sabía quién estaba detrás de todo eso. Aquel hombre de fuego no estaba completo y se tambaleaba, no caminaba muy rápido además, pero como el soldado estaba cojeando, no podía huir muy rápido. Pronto por la puerta salió Barf, envuelto en su eterna capa negra, levitando. Se le veía sufriendo, haciendo mucho esfuerzo, y su cerebro palpitaba a una velocidad asombrosa. Por fin, haciendo un terrible esfuerzo y poniendo una mueca mucho más horrenda que de costumbre, lanzó al hombre de fuego contra su enemigo, que se envolvió en llamas hasta que sólo quedaron los huesos. -Veo que has mejorado, chiquitín- Dijo el irlandés. -Y yo veo que sigues tan estúpido como siempre- Dijo Barf con sorna- Aún no hago la técnica perfecta y me canso mucho… Voy a fumarme un puro. El sapiens sacó un puro y se lo encendió con los restos del soldado. -¿Qué ha pasado ahí dentro?- Dijo Patrick - El Señor Galdian estar bien?- Dijo Calcetines con nerviosismo -Me he acercado hasta la sala de la emboscada pero sólo había muertos, y no había rastro ni de Galdian ni de Kimura ni de Chris ni del dinero…No se qué habrá pasado- Dijo Barf. En ese momento otra figura emergió entre las llamas de la puerta del castillo. Era John, y llevaba su traje medio quemado y su capa blanca llena de agujeros. -John, ¿sabes qué ha pasado?- Dijo el irlandés clavando en él sus preocupados ojos azules. -No. No sé nada ni me he encontrado con nadie ni nada. He intentado usar mi comunicador pero se me ha estropeado...- El agente de la CIA llevaba un cristal de sus gafas de sol roto, así que metió la mano en el traje y sacó un par nuevo. -Lo que es seguro es que si queda alguien allí dentro como no salga pronto morirá- Continuó -¡Mierda! ¡Se me había olvidado!- Gritó Patrick -¿Qué se te ha olvidado, estúpido mono?- Dijo Barf -¡Algodón! ¡Tengo que llegar a los establos! El irlandés entró corriendo en el castillo pese a que el golem trató de impedírselo gritando que era muy peligroso pero Patrick, ya experto en zafarse de sus enormes manos, huyó de él. Mientras aguardaban, una furgoneta llegó por el camino que había entre los árboles quemados y los hoyos de las bombas. Cuando se acercó al grupo frenó y de ella bajó Galdian. -¡Galdian! ¿Qué ha ocurrido? ¿De dónde sales?- Dijo John -¿Dónde está Patrick?- Dijo Galdian mientras se abrochaba la espada chapa de nuevo a la espalda sobre su manto medio quemado de lona. -Ha ido a por su maldito caballo- Dijo Barf Entonces del castillo salió Patrick al galope sobre el blanco Algodón. Cuando llegó donde estaba Galdian rió con alegría al ver a su amigo vivo. -Bueno, deberíamos volver a la base de la Alianza para informar al señor presidente. Por el camino Galdian nos contará lo ocurrido. -De momento sabed que el dinero está en la furgoneta- Dijo Galdian. Barf le leyó la mente. -Lo sabía. Ya te advertí que desconfiaras de él- Dijo. John se sentó a conducir la furgoneta y de copiloto se puso Galdian. Calcetines montó en la caja pero por su peso casi vuelca la furgoneta. Tuvo que repartir las cajas y sacos de dinero de forma que hubiera equilibrio. Patrick cabalgada a Algodón y Barf, que se quedó sin sitio en la furgoneta, tuvo que volver a subir a la grupa del caballo maldiciendo por tener que rebajarse a ir de bulto de un mono pelirrojo. Por el camino Galdian les contó la estrategia de Chris y la traición de Kimura. John se sorprendió mucho pues al parecer nadie de su servicio de inteligencia albergaba la más mínima duda sobre el japonés. En poco tiempo atravesaron el decrépito pueblo que cruzaron días antes hasta llegar de nuevo a la base. El avión seguía allí, donde embarcaron con furgoneta y todo. Se marcharían de allí para trazar un nuevo plan para cazar al traidor Anger. -El presidente se encuentra ahora en Madrid. Iremos allí, aunque contactaremos ahora con él para hacer el informe- Dijo John Encendieron el monitor que había en el avión y allí apareció Ember Flamestrike sentado en un nuevo despacho, ya en Madrid. A Galdian le seguía chocando ver a aquel presidente tan joven. Galdian y John le informaron de los hechos. -Bueno, por lo menos el dinero no se ha perdido- Dijo Ember. -Ahora que la operación ha terminado debes devolver el dinero a la gente- Dijo Galdian -Aún no. Lo usaremos para montar otra trampa- Dijo Flamestrike -¡Hemos visto a la gente en la miseria! No puedes dejarles así más tiempo- Dijo Galdian -Estamos es guerra y ahora es más importante Chris que todas esas personas. Contra más tardemos en cazar a Anger más dinero enviará a Perro del desierto y será peor para nosotros. Galdian rabiaba. -No te pongas así Galdian- Siguió Ember- Recuerda que tú eres el más parecido a él y que sólo tú puedes combatirle en igualdad de condiciones. Además contra más tardes en cogerlo más tiempo estará la gente sin recursos… Patrick puso su mano en el hombro de Galdian. -Tranquilo, a pesar de todo tú haces lo correcto, y nosotros te apoyamos- Dijo mientras se deshacía la coleta. Galdian miró a sus compañeros. Calcetines sonreía como un niño y Barf asintió con la cabeza. El sapiens pensaba que aunque Ember y todos los humanos eran unos mal nacidos, Galdian era el único humano diferente. ¡Si todos fueran como él, su maestro se pondría muy contento! -Ahora pensaremos un nuevo operativo y mientras tanto tú John, te encargarás de localizar al informador o los informadores que Anger tiene infiltrados en la Alianza. El hecho de que Chirs fuera a Fuhinawa confirma ese hecho. -Sí señor presidente- Dijo John -Mientras vosotros podéis ir de permiso. Cuando sea necesario os avisaremos- Diciendo esto Ember cortó la transmisión. El avión llegaba a su destino y desde el aire Galdian observó que Madrid estaba intacto. No presentaba marcas de la guerra. Era curioso, ya que cuando vieron París ocurrió lo mismo. Cuando el avión aterrizó en Madrid, John entregó un comunicador a Galdian, uno de esos tan pequeños que llevaban los agentes de la CIA puestos en la oreja. -Cuando sea el momento os avisaré. Hasta entonces, divertíos- Dijo John antes de desaparecer en las dependencias de la base. La miseria que sacudía al mundo llegó hasta aquella base de la Alianza, ya que no pudieron dar vehículos o caballos al grupo. De nuevo cabalgaron a Algodón Patrick y Barf y Galdian se montó en el hombro de Calcetines. -Bueno, ¿qué haremos ahora? -Ahora que estamos en mi tierra puedo volver a mi cometido principal. Buscaré pistas sobre el paradero de mi hermano. 18 Aquella noche entraron en las ruinas de un pueblo miserable, donde se hospedaron en una ruinosa posada. Antes de marcharse de la base de la Alianza, les entregaron algo de dinero para sus gastos, así ya no volverían a tener que hacer de mercenarios para ganarse un sueldo y poder comer. Aunque la mejor comida que tenían allí era una sopa aguada hecha con unos huesos que, según Patrick, eran de perro. Aunque como Barf pensaba que eran huesos de gato, los dos se pusieron de nuevo a discutir hasta que el sapiens, harto, lanzó con su poder su plato de sopa sobre el irlandés, que se levantó de la mesa lanzando juramentos y blasfemias asustando a los pobres lugareños que estaban sentados alrededor. El mutante, haciendo caso omiso de aquellas menciones a su santa madre, se abrochó su capa negra y levitó hasta las sucias calles para, según él, cazar alguna rata. Cuando todos los clientes se fueron del local, Galdian dio unas monedas más al sucio y escuálido posadero para que dejara a Calcetines beberse la sopa que no había vendido, ya que con semejante tamaño el golem necesitaba comer mucho. El hombre accedió y dejó pasar a Calcetines hasta la cocina, donde apuró la olla de un trago, en total casi diez litros de caldo. A la mañana siguiente Patrick y Barf montaron al blanco Algodón y Galdian subió sobre Calcetines como de costumbre. -¿Por dónde quieres buscar a tu hermano?- Dijo Barf encendiéndose un puro. -Iremos a mi casa, a la casa donde me crié. Tal vez mi hermano haya vuelto a casa o a lo mejor estuvo allí hace poco y hay alguna pista de su paradero actual…- Dijo Galdian -¿Cómo ser tu hermano?- Dijo Calcetines -Oh, créeme, te caerá bien- Dijo Galdian dando unas palmaditas en el hombro del mutante- Tenemos que ir al este. En un par de días llegaremos a casa. -La verdad es que no se por qué, pero yo también tengo mucha curiosidad por ver cómo acaba esto…-Dijo Patrick -¿Es por eso por lo que viajáis juntos?- Dijo Barf con un tono de voz cínico. -Por eso y porque no tengo nada mejor que hacer. Dos días de camino son poco tiempo, pero se les hicieron eternos. Recorrer tantos kilómetros por una tierra arrasada y sin ver ni un alma no alegra el viaje a nadie. Menos mal que habían comprado algo de pan duro para comer y algo de forraje para Algodón, además prepararon algunas trampas para animales pero resultaron ineficaces, aunque gracias a Barf no les faltó caza, ya que hacía levitar a las presas hasta Patrick, que las mataba y las preparaba para comer. Así, tras los dos días a base de una dieta de pan duro, culebras y algún conejo birrioso, se acercaron a pocas horas de la casa de Galdian. Éste no pasó su infancia en una ciudad ni en un pueblo, pues vivió con su familia en una casa de campo, apartada de la civilización. Por eso le sorprendió tanto ver aquella gran afluencia de gente. Por la carretera adelantaron a un grupo de cuatro personas. Cuando les adelantaron el grupo de Galdian les saludó con cortesía, pero éstos respondieron en inglés. -Qué raro ver extranjeros aquí…- Dijo Patrick -No te quejes, tú también eres extranjero- Dijo Barf -¡Ya, pero no es lo mismo! -Lo que me sorprende es que todos llevan botas militares…Dijo Galdian Una media hora después el grupo fue adelantado por un carro tirado por dos mulas. Al mando iba un hombre vestido de militar, que les saludó con un bonjour. -Ahora un francés…- Dijo Patrick Los cuatro miraron a los pasajeros del carro, allí había ocho personas, todas vestidas de soldado pero sin armas y con sus ropas rotas y sucias, como si hubieran dejado el ejército hacía mucho. Dos de aquellos soldados eran negros, pero uno era rubio y el otro con los ojos azules, como los de Patrick, cosa rara en esa gente. El resto de aquellos hombres llevaban los brazos descubiertos y todos llevaban la misma marca: La épsilon de los soldados de élite de la Alianza Occidental -Esto es muy extraño…- Dijo Galdian. Y ya, cuando sólo estaban a quince minutos de su destino, adelantaron a una compañía de diez soldados perfectamente uniformados, todos armados con espadas o con fusiles. A la cabeza iba un sargento marcando el paso. Y todos llevaban en el uniforme el símbolo de los soldados de élite. Cuando los cuatro los dejaron atrás, Patrick se volvió. -La cara del sargento me suena…- Dijo. -Y a mí su voz…-Dijo Galdian extrañado -Tranquilo amo, yo protegerle- Dijo Calcetines a Patrick -El problema es ver quién me protege de ti…-Respondió todavía mirando hacia los soldados. Por fin se acercaban a la antigua casa de Galdian, en cuanto ascendieran aquella colina, dijo, llegarían. Desde abajo se veía la casa, que resultó ser una impresionante mansión. -¡Vaya! ¡Si esto es enorme!-Dijo Patrick- ¡Estabas forrado, amigo! -Mi familia tenía muchas empresas…Pero la verdad es que hacía años que no venía…Antes esto eran todo jardines por donde correteaba de crío, pero ahora veo que está todo incendiado…Hasta la casa se quemó…creo que le cayó encima una bomba incendiaria. -¿Y los padres del señor Galdian?- Dijo el golem -Murieron cuando era niño. Hasta que entré en el ejército mi hermano y yo vivíamos con los criados…Cuando nos fuimos a alistar, los despedimos y cerramos la casa…No he vuelto desde entonces. -¿Y porqué dejaste esa vida y entraste en la Alianza?- Preguntó Barf. Pero Galdian no contestó. Habían llegado a lo alto de la colina, y se encontraron con algo totalmente inesperado. A las puertas de la vieja mansión había decenas de personas acampadas. Era un auténtico campamento, con un alboroto de gento yendo y viniendo de aquí para allá. Pero no era un campamento cualquiera: era un campamento militar. 19 Galdian bajó del hombro del golem y recorrió apresuradamente el campamento, tratando de encontrar una explicación. Escuchó hablar en muchas lenguas distintas, y también vio que muchos de aquellos soldados tenían un gran parecido entre ellos. Pero lo que le llamó la atención fue que todos hablaban en idiomas de países pertenecientes a la Alianza, y además, como sospechaba, todos llevaban la épsilon tatuada. ¿Pero qué se supone que es esto?, pensaba. Su hogar convertido en un campamento, aunque era un campamento tan desorganizado que parecía más un circo. ¿Cómo imaginar que la vieja casa de su infancia iba a estar convertida en esto? De pronto un hombre le tocó en el hombro. -¡Pero si eres tú, Galdian!- Dijo el hombre. Galdian hizo un esfuerzo por reconocerle pero no acertaba... hasta que de pronto lo vio claro. -¡No puede ser! ¡Gálvez! ¡No te reconocía…¡No sabía que te hubieras teñido de rubio! El rubio Gálvez se rascó la cabeza y sonrió. -¡Tú estás como siempre…!-Dijo Gálvez- ¡Como he añorado nuestros días en la academia militar! Parece que fue ayer cuando promocionamos para soldados de élite pero ya han pasado varios años… -¿Y Raúl? ¿Sabes algo de él?- Preguntó Galdian Gálvez puso un semblante serio -Está aquí, vino conmigo, pero no está bien… -¿Qué le ocurre? -No sabría explicarte…será mejor que le veas por ti mismo. Gálvez le llevó hasta un toldo que formaba un porche con una de las paredes de la mansión. Allí estaba Raúl, sentado en cuclillas, tapándose la cara y sollozando. -¿Raúl?- Preguntó Galdian con delicadeza -Yo no me llamo Raúl…. Yo, yo… Entonces se puso a hablar en inglés alternando el inglés con el español. -¡Tranquilo amigo! Ahora estás en casa, aquí te cuidaremos- Dijo Galdian cogiéndole de los hombros. Raúl alzó la cabeza. Galdian no le reconoció. Su cara era diferente, uno de sus ojos era azul, su pelo estaba aclarecido, y su voz no era la de siempre. -No… ¡No! Yo nací en América… Yo no soy de aquí…yo…yo…mi madre sí era de aquí… Yo… ¿de dónde soy? ¡Madre! ¿Por qué? ¡¿Por qué recuerdo a dos madres?! ¡No me toques! ¡Estás ante tu superior!- Dijo apartando a Galdian con brusquedad. Galdian no supo cómo reaccionar, hasta que Gálvez le apartó de allí, dejando al pobre Raúl en sus delirios. -Es muy raro…Un día, de repente, despertó así…Y no es el único – Gálvez señaló al campamento y vio a otros muchos soldados igual, retorciéndose en aquellos ataques de esquizofrenia. -Y también es frecuente que haya peleas…- Siguió Gálvez Un hombre gritaba a un grupo de soldados que era su general y que debían obedecerle, pero éstos le insultaron y comenzaron a pelearse. Otro hombre se metió diciendo que el general era él. Galdian no comprendía nada. Nunca se hubiera imaginado encontrarse con algo así, y menos a la puerta de su casa. -¿Desde cuándo está este campamento aquí?- Preguntó -Desde no hace mucho por lo que he averiguado…-Respondió Gálvez- Yo llegué con Raúl hace dos días, pero al parecer los primeros llegaron hace una semana. Ha sido en estos dos o tres últimos días cuando más gente ha llegado…Y los hay muchos países diferentes… -Pero por qué, ¿Por qué aquí? -No lo sé…Yo solo sé que un día Raúl se puso histérico y dijo que debíamos venir aquí…Abandonamos nuestro cuartel y nos apusimos en camino. A lo que me puse a pensar en los motivos ya me encontraba aquí rodeado de gente en la misma situación que yo. -¿Nadie sabe por qué está aquí?- Preguntó Galdian incrédulo. -Nadie con los que he hablado lo sabe. -¿Y por qué no os vais? -Ni siquiera me lo he planteado…creo que nadie se lo ha planteado… Gálvez se rasco de nuevo la cabeza mientras miraba al cielo, pensativo, pensando en serio por primera vez en su situación y en porqué había hecho ese camino, aunque era algo realmente extraño pensarlo una vez hecho. Mientras, Patrick, llevando de la brida a Algodón, junto a Barf y Calcetines se acercaron donde estaban Galdian y Gálvez. -¡No te lo vas a creer!-Dijo Patrick- ¡Acabo de cruzarme con el doble de Chris! Pero era moreno y melenudo… -Pues yo estoy viendo al de verdad… Allí, subiendo por el camino de la colina, llegó, entrando una vez más en sus vidas, Chris Anger. 20 Chris Anger entro en el jardín de la villa seguido de un séquito de sus habituales soldados renegados vestidos con pasamontañas. En total había cuatro, que iban sujetando unos postes con un toldo bajo el cual iba Anger. El traidor iba como siempre, con sus pantalones militares, el pecho descubierto y su gabardina sin mangas. Tras él y fuera de aquel peculiar parasol iba el Duque, inmaculadamente vestido de blanco. Todos los allí reunidos lo reconocieron en el acto. Algunos gritaron de alegría y corearon su nombre, como hizo el pobre Raúl. Otros, como Galdian, Gálvez o Patrick, estaban sorprendidos. Nada de esto tenía sentido. Aunque daba la impresión de que pronto iban a obtener respuestas, y que esas respuestas no iban a ser nada buenas. Anger y su comitiva se dirigieron a la escalinata que daba paso a la puerta principal de la casa. Los allí reunidos se apartaban a su paso y, cuando Chris llegó a las escaleras, las subió para quedar bien visible y se volvió hacia los soldados. El Duque y los demás se quedaron abajo protegiendo a Chris. -¡Hermanos! ¡Por fin nos hemos encontrado!- Gritó Chris extendiendo los brazos Muchos de los soldados le vitorearon, otros lloraban de la emoción y otros se abrazaban de alegría. Galdian no entendía nada de aquello, y mucho menos el por qué estaba ocurriendo en las puertas de su antigua casa. -¡El amparo de la luz de la verdad es lo que nos hace fuertes! ¡Es por eso por lo que estamos aquí! ¡Esa luz nos guiará como los herederos del mundo! ¡Seguidme, hermanos, seguidme hasta llevar al mundo a la pureza! La arenga de Chris fue como un éxtasis para aquellos hombres. Todos aquellos hombres extraños, los negros rubios, los de los ojos azules como Patrick o el Duque, los que tenían recuerdos superpuestos… estaban exultantes. En realidad no comprendían nada, pero la aparición de Chris les hizo comprender que habían hecho ese viaje hasta esa casa lejana para ese momento. Pero no todos estaban así de pletóricos. Un gran grupo de soldados estaban totalmente perdidos y desubicados sin comprender nada y gritaban a Chris llamándole loco o traidor. Galdian iba a estallar de rabia y, descolgándose la espada-chapa de la espalda, se abrió paso entre la multitud hasta llegar a las escaleras frente a Anger, donde el Duque y sus hombres le cerraron el paso. Patrick, con el brazo-sierra descubierto y Barf, levitando, flanqueaban a Galdian. Calcetines se escondió dentro de una de aquellas improvisadas tiendas de campaña pero como su cuerpo era tan grande era evidente dónde se había escondido. -¡Vaya!- Dijo Chris sonriente- ¡Me alegro de que estés aquí, Galdian! Galdian apuntó con la oxidada chapa a su antiguo general -¡Basta de juegos Chris! ¡Explícame qué demonios pasa aquí Chris rió -¡A pesar de haberte convertido en un peón de Flamestrike veo que no tienes idea de lo que pasa a tu alrededor! Está bien, te lo contaré todo. Te contaré la luz de la verdad, para que, como el Duque y otros compañeros soldados de élite, te unas a nuestra causa. Pero prepárate. Tal vez te derrumbes cuando sepas cómo son las personas para las que has luchado y cómo es el mundo que has defendido… ¡Déjate de rodeos y habla ya!- Dijo Galdian Muy bien, te lo contare. ¡Os lo contaré a todos!- Gritó Chis- ¿Sabéis qué es lo que nos une, lo que nos hace hermanos? ¡Esto! –Chris enseñó su brazo con el tatuaje de la épsilon- ¡Todos los aquí presentes somos soldados de élite! Vosotros sois los únicos con la fortaleza física adecuada para soportarlo`. -¿Para soportar el qué?- Gritó una voz entre la multitud -¡Para soportar el experimento! Todos los aquí presentes habéis sido modificados genéticamente por científicos de la Alianza. ¡Todos lleváis en vuestra sangre el virus replicante!- Gritó Chris cada vez más eufórico. -Eso es imposible ¡Nadie ha experimentado conmigo!- Gritó otra voz -Aprovecharon momentos como revisiones médicas para inyectaros el virus. Ninguno de vosotros sabía lo que estaba pasando. ¡Así son los hombres para los que habéis luchado! ¡Cerdos egoístas que hacen lo que quieren con el mundo y las personas solo para llevarlo al caos! ¡Pero alegraos! Gracias a ese virus ahora sois mis hermanos, sois los iluminados, los que más cerca están de la perfección.- Dijo Anger Galdian empezaba a entender…Recuerdos superpuestos…ojos azules y pelo rubio,… -Así es- Siguió Chris- ¡El virus replicante se llama así porque busca crear réplicas! ¡Réplicas genéticas para crear un ejército de soldados perfectos! ¡Réplicas genéticas mías! Es cierto que el virus fracasó y no se ha logrado una réplica al cien por cien, ¡por eso a algunos les ha salido mi color del pelo, a otros el color de mis ojos, a otros mis rasgos y a otros mis recuerdos! La muchedumbre gritó eufórica, y los que dudaban y se mostraron en un principio cautos ahora enloquecían. Patrick se tocaba sus ojos azules y miró a los mismos ojos azules del Duque, que se tocó sus propios ojos, luego señaló a Patrick y después señaló hacia Chris. Gálvez se tocó su pelo medio rubio, ahora ya sabía porqué de la noche a la mañana le cambió el color. La gente echó a correr hacia Chris, empujando a Galdian, Patrick y Barf y rebasando al Duque y el cordón de seguridad que montó en las escaleras. Todos querían tocar a Chris, el cual bajó por la escalinata y, extendiendo su mano, tocaba las cabezas de los soldados que le aclamaban, emocionados por estar cerca de él, unos felices por encontrar respuestas a sus cambios, otros felices por compartir parte del código genético del soldado más perfecto que ha habido y habrá. Aun por un motivo o por otro, todos coincidían en que ahora estaban iluminados por la verdad, eran unos elegidos, y su misión era seguir a Chris, su dios, el hombre a partir del cual estaban modelados. Solo Galdian y Patrick no sintieron esa euforia, quizá porque habían luchado antes con Chris o porque el virus replicante no afectó a su cabeza. Galdian aún quería respuestas, por lo que gritó y su voz se elevó sobre la multitud. -¡Eso no cambia que seas un traidor, Anger! ¡Ahora trabajas para Perro del Desierto! Chris, bañado por la multitud, señaló hacia Galdian. -¡Nunca he dicho que trabajara para los orientales! ¡Hasta Flamestrike te ha ocultado eso! ¡Yo no trabajo para nadie, sólo para mi causa! ¡Todo el dinero que estamos reuniendo es para cumplir mi misión, no para las arcas de Perro del desierto!-Chris ascendió las escalinatas de nuevo y se dirigió de nuevo a todos- ¡Por eso os he reunido aquí! ¡Para pediros que vengáis conmigo! Pronto tendré el dinero suficiente para erradicar a esa humanidad corrupta que ha destruido este mundo con absurdas guerras ¡Y vosotros, herederos de la genética más perfecta que existe, seréis los encargados de repoblar la Tierra! De nuevo todos vitorearon y se sintieron aún más dichosos. Galdian lo tenía claro: Chris estaba completamente loco. Pero curiosamente, en lugar de pensar en parar a Chris o en como evitar que arrase con la humanidad, por su cabeza pululaba otro pensamiento: ¿Qué parte de Chris era la que le había dado el virus replicante? Un ruido ensordecedor y un fuerte viento hicieron que todos se volvieran. Allí, frente a la mansión de los padres de Galdian, dos helicópteros de combate de la Alianza aparecieron y dispararon sus misiles.


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