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  terror > vampirosLlorando sobre la muerta (y II)

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se publicó en la web el 09 de Diciembre del 2008

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  Categoría: terror > vampiros
  Titulo:

LLORANDO SOBRE LA MUERTA ( Y II) Don Elviro, estupefacto y con el gesto trasmudado aun por el horror, abandonó el cuarto que había sido el escenario de tan extraña tragedia. Tambaleándose al caminar se sintió mareado y vomitó, apenas se tenía en pie. Se dirigió a su habitación y se desparramó en la cama desfallecido. - Delicadísimo lienzo que acaricias mis carnes, oh bien de cobijo que se me dona, no merezco esta gloria, pues sucio me siento de como he actuado y como he sentido-. Murmuraba las palabras con los ojos cerrados y movía con nerviosismo los dedos de sus pies. -¡Qué extraordinaria prueba me mandáis ahora, Señor!, ¿estoy desposado y por lo tanto viudo?,¿o célibe? ¡y además en pecado mortal!-.Una lágrima cruzó su cara hasta la oreja. -¡Y encima este fuego que quema mi entraña ..!-. Se dio un manotazo a su entrepierna con resignación, se acurrucó y apagó la luz. Poco a poco se fue quedando dormido dibujando en su rostro un gesto contrito. Durmió mal, se despertó muchas veces sobresaltado y se masturbó muchísimas veces con una pasión inusual. Al día siguiente la decisión era firme. Ordenó repartir sus bienes, herencias y demás posesiones a la parroquia, y con lo puesto y poco más se encaminó al Cuartel de la Guardia Civil a confesar su execrable crimen. Con humildad y sumisión, dio sus datos, enseñó su documentación y con recién estrenada obediencia esperó sentado su turno con el corazón palpitante. El coronel Quilez escuchó el relato a través de sus gruesas cejas, tras finalizar permaneció en silencio varios minutos que parecieron horas. -¿Y qué es eso de edecán?. Hierático y sin mostrar emoción, alguna se balanceaba en su silla, se le notaba incómodo. - Esta historia que me ha contado me parece totalmente inverosímil, me parece que usted no esta bien de la cabeza señor-. El edecán explicó: - Soy conserje por profesión y lacayo de mi superior por vocación, en esa vocación encontré también el camino de Jesús!. - Sus pestañas empezaron a aletear de forma extraña. - Y dice que mató a ese sacerdote arrancándole una válvula en el corazón a través de su vagina porque en realidad era una mujer...-.El coronel se mostró pensativo y circunspecto otro eterno silencio. - ¡Lo que pasa es que usted es un peligro!-. Se relajó y soltó unas sonoras risotadas mirando el techo.- Le invito esta noche a cenar a mi casa a cenar y le presentaré a mi esposa. No me diga que no ah..y olvídese de la denuncia, por nuestra parte sigue siendo soltero, esta noche lo hablamos con más calma, ¡que me ha caído usted muy bien leche!. La noche era oscura y un inquietante perfume era levemente percibido por Don Elviro mientras esperaba que le abrieran la puerta del domicilio del coronel. La cena trascurrió tranquila y amena, hablando de sus infancias y contando anécdotas divertidas que el vino las fue convirtiendo en cada vez mas atrevidas. Melinda, la esposa de Quilez, era encantadora destacando por su simpatía y dotada de una belleza espectacular. Tras el postre se hizo el temido silencio. Nuestro edecán habló para romperlo- la velada ha sido maravillosa pero es tarde, debería marcharme-. Hizo ademán de levantarse. - ¿Sabes que eres muy guapo?- El edecán muy turbado se apresuró a alcanzar la puerta. -¡Tú no te vas de aquí...!- Estaba sonando la voz femenina y autoritaria de Melinda.-! No pienso desaprovechar las increíbles aptitudes ginecológicas que me ha contado mi marido que tienes!-.Acto seguido se desnudó, se tumbó en la mesa y abriendo las piernas le dijo: - ¡y ahora me vas a hacer lo que le hiciste a ese pobre sacerdote!-. Don Elviro se preparó tembloroso para lo que le habían ordenado, observando los hermosos senos de Melinda, y sobre todo, entre ellos una enorme cicatriz. La comuna vertebral del edecán dio un respingo.-¿y esa cicatriz?.-preguntó. - Me operaron del corazón, llevo una válvula cardiaca, no es importante ahora... Por fin comprendió la trampa en la que había caído, urdida miserablemente por Quilez. para eliminar a su esposa. Sucumbió a la realidad de la situación y se entregó mansamente en cuerpo y alma a la tragedia. Quilez le estaba apuntando con una pistola mirándolo con ojillos de liebre. - ¡Empieza! Don Elviro pudo notar el duro metal del arma apretando sus costillas. El coronel hinchaba sus fosas nasales viendo como poco a poco introducía su brazo entero en la vulva de su esposa, se acercó y apretándole un brazo le susurró al oído. - ¡Avísame cuando la tengas, quiero esa válvula!-. El coronel resoplaba con la cara encendida por la lujuria. Sucedió en décimas de segundo. Don Elviro sudoroso fue presa del pánico, perdió el control de si mismo y sacó el brazo de repente. Totalmente enloquecido intentó huir corriendo hacia la puerta, tropezando en su salida y partiéndose un fémur con un sonoro chasquido. Quilez trastabilló y disparó dos veces sin alcanzarle. Volvió a apuntar a un renqueante edecán cuando se percató de que su esposa estaba muy seria, y además no respiraba, estaba yerta, pálida y con un agujero en la frente. El arma cayó de la mano del coronel. Don Elviro mientras, con un llanto quedo e hiposo, apretaba el anillo ensangrentado en su mano con fuerza.


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