humor (1094)
    Chistes (398)
    Bromas (29)
    Parodias (203)
    Piropos (67)
    Fabulas (44)
    Citas y Frases (42)
    Sexuales (66)
    Hechos Reales (185)
    Asi soy yo.... (60)
   terror (2721)
    Pesadillas (256)
    Hechos reales (726)
    vampiros (599)
    Terror General (786)
    Espiritismo (125)
    Asesinos en serie (160)
    Teorias (69)
   fantasia (2151)
    Fantasia General (542)
    Romantica (770)
    Epica (233)
    Rol (182)
    Poesia (424)
   pruebas (0)
   criticas (885)
    Deportivas (37)
    Criticas de Cine (145)
    TV y Famosos (77)
    Literatura (49)
    Musica (76)
    Juegos (27)
    Duras (222)
    Generales (252)
   ficcion (1047)
    Ciencia Ficción (194)
    Futuristas (102)
    Snuff (67)
    Ovnis (27)
    Narrativa Libre (661)
 
 Top 5
    Grainstain.:Capítulo ..
    una aventura, la más ..
    La Feria del Diablo
    Martín,el chico más g..
    S. c.A.T. 2
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  terror > TeoriasLicantropía

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 26 de Julio del 2005

Desde entonces este relato ha sido leido 2,576 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 11 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: terror > Teorias
  Titulo:

La noche era fría, mis amigos y yo habíamos caminado mucho, sin rumbo y sin motivo, como lo hacen un grupo de jóvenes cuando se sienten libres y desean simplemente conversar, jugarse bromas y pasarla lejos de casa. Pero esa noche, en nuestro inconciente andar, siguiéndonos unos a otros, o pensando que seguíamos a alguien, nos alejamos mucho del centro. Reparamos tarde en que estábamos en la parte más inhóspita de la ciudad, John, el más resuelto y decidido del grupo se paró en seco y preguntó: - Oigan chicos, ¿alguien tienen la más mínima idea de a donde vamos? - Pero, pensé que tú eras el que nos llevabas a algún lugar. ¿O es que hemos estado caminando sin rumbo todo este tiempo? - inquirió Thesa, mi mejor amiga. - Bueno, yo no lo sé, no me percaté que tan lejos íbamos, de todos modos la charla nos distrajo a todos. - ¡Genial! - replica con sarcasmo April - es tardísimo y andamos perdiendo el tiempo como un grupo de nómadas y además creo que nos hemos perdido ¿O es que alguien sabe donde estamos? - Ni idea, John encabezaba el grupo y parecer todos pensábamos lo mismo… Bueno, ¿de verdad no sabes donde estamos? Porque si esto es una broma no me gusta nada - dije bastante seria. - Tranquila Kate - dice Steve mientras rodea mi cuello con su brazo - no debes temer, aunque este sitio está bastante feo y desolado, ya encontraremos por aquí alguien que nos guíe de regreso, además puedes estar segura de que te protegeré de lo que sea. - Nunca te rindes, ni siquiera en las situaciones más tensas ¿verdad Steve? - le increpo enojada mientras retiro su brazo de encima. Steve siempre me ha pretendido, inútilmente por cierto, hay algo en mi naturaleza que no comprendo, pero me hace rechazarlo, aunque a la mayoría de las chicas les encantaría que les coqueteara como lo hace conmigo, yo siempre he sabido que no es un chico para mí. En ese momento, se detuvo la conversación, debido a un ruido capaz de erizarle los vellos al más valiente. Era un aullido. Si, un aullido de lobo, ya bastante teníamos con saber que andábamos perdidos, pero eso fue el colmo de la mala suerte. A pesar del temor que a todos nos embargaba y los deseos de correr despavoridos, tratamos de pensar donde ocultarnos y a “alguien” se le ocurrió una “brillante” idea. - Podemos ir al centro comercial que están construyendo cerca de aquí - sugirió Steve - No hay vigilancia y podemos entrar. - ¡Vamos a donde sea pero ya! - Era lo que pensábamos todos, pero sólo Thesa se atrevió a decir, aterrorizada y casi al borde de las lágrimas. - ¡Síganme! Steve nos condujo hasta el centro comercial, quedando claro tácitamente que había sido él quien con astucia y disimulo, nos había llevado hasta aquel remoto paraje. Pero en ese momento lo único que importaba era ponernos a buen recaudo de algún animal salvaje que pudiera atacarnos, ya tendríamos tiempo de saldar cuentas con él. Buscamos por todo el lugar algún sitio seguro para albergarnos, pero solo se nos ocurrió una descabellada idea: separarnos y hallar un escondite individual… No sé como se sucedieron las cosas para los demás esa noche, pero sólo atiné a pensar que el mejor escondite sería el lugar más cercano, así que me dirigí sin titubear al local del cafetín. Para suerte mía, encontré que las gavetas inferiores eran bastante grandes como para albergar a una persona, y sin pensarlo dos veces me acomodé lo más rápido que pude, corrí las portezuelas por dentro y fue entonces cuando pasé el mayor susto de toda mi vida, hasta entonces. El aullido, más cerca que nunca, y luego, el sonido de unas patas caninas sobre el piso del cafetín, acercándose lentamente como inspeccionando el lugar, a unos pocos metros de mi improvisado escondite ¿Sería posible que me sintiera, que escuchara mi respiración agitada o que olfateara el olor a adrenalina? Intentaba no respirar, aunque hacerlo profunda y lentamente hubiera sido lo único que me hubiera calmado, y de repente el sonido más cercano al pasar a mi lado, las pisadas más lentas, un sudor frío recorriendo mi espalda, mi corazón a punto de detenerse, una loca carrera del animal y por fin…ya casi había contenido la respiración al máximo de mi capacidad pulmonar, pero se había marchado, tan repentinamente… “No cabe duda, es mi día de suerte” pensé y me acomodé para pasar las últimas horas de la madrugada en mi refugio… A la mañana siguiente, después de haber pasado la noche más aterradora de nuestras vidas y el insomnio más prolongado también, nos sobrevino una mañana aún más aterradora, al percatarnos de que la policía se encontraba en el centro comercial. Salimos de uno a uno, pensamos que, sin duda, alguien nos había visto y tendríamos que afrontar las consecuencias de la estúpida idea de Steve, de sus dos estúpidas ideas de la noche anterior: Primera: Llevarnos a ese lugar desolado para hacerse el valiente conmigo y Segunda: Hacernos entrar en propiedad privada de manera ilegal. Ya se las vería con nosotros apenas tuviéramos la oportunidad… Salimos todos y nos encontramos en el pasillo pero nadie parecía prestarnos atención, eso sumado al hecho de que Steve no se había reunido con nosotros nos puso algo tensos, tal vez sabía que no estábamos nada contentos con él y trató de evitarse el mal rato, aunque oímos decir a uno de los oficiales que el cuerpo estaba irreconocible… - ¡El cuerpo! - grito Thesa y se apresuró a ir con el oficial… ¿Qué ha sucedido aquí? Tuve un mal presentimiento y sentí que me faltaba el aire, me acerqué al área cercada con la cinta amarilla y entonces pude verlo… Allí estaba Steve, o lo que quedaba de él, sólo pude reconocerlo por la ropa que traía la noche anterior, su cuerpo desmembrado, completamente rasguñado, como si un animal salvaje y hambriento lo hubiera atacado hasta dejar de él solo despojos, irreconocible tal como lo dijo el oficial, luego April se acercó a mi y no pudo evitar lanzar un grito desgarrador y lastimero. Todos sabíamos que ella amaba a Steve en secreto y que jamás se atrevió a decir nada por temor a ser rechazada ya que él se había empecinado en conquistarme… - ¡Hey ustedes! - Era uno de los oficiales que se había percatado de nuestra presencia - No se muevan, acérquense con las manos en alto. - No tenemos nada que ver en esto oficial - se apresuró John, quien era estudiante de leyes en Yale – Expresamos nuestra voluntad de ponernos a derecho para dar nuestro testimonio. - ¡Que rayos hacen aquí! es lo que nos preguntamos nosotros. Esto es propiedad privada, además ha ocurrido un asesinato. - Su nombre era Steve Callahan y era amigo nuestro - aclara Thesa, quien presenció la horrenda escena a mi lado. - Tendrán que acompañarnos. Necesitamos sus declaraciones. En ese momento, mi vista se dirigió como por reflejo a una esquina del establecimiento donde se encontraba parado un hombre. Era joven, alto y vestía una gabardina de cuero color negro. Sentí que me miraba con atención, su mirada atrajo a la mía. Fue solo un momento en que desvié la mirada hacia la pobre April, casi desvanecida de dolor y cuando volví la vista hacia el lugar donde divisé a ese misterioso joven, ya no se encontraba allí, pero me había dejado con una extraña sensación de angustia y temor, como si hubiera visto a un espectro… Thesa se acercó a mí, después de que dejara a April más tranquila y mientras John arreglaba los asuntos legales con los oficiales… - ¿Qué te sucede Kate? Estás pálida - me dice Thesa con una actitud de preocupación - Nada. Bueno si, he visto a un hombre parado ahí, hace un momento. Pero ya no está. - ¿Un hombre dices? Eso es imposible. Si hubiera habido alguien aquí la policía ya lo habría detenido. - Pero yo lo he visto, te lo juro, estaba ahí mismo. Era un hombre joven y atractivo. - Un hombre joven y atractivo es precisamente lo que necesitas para dejar de imaginarte cosas raras. - ¿Cómo puedes hacer bromas en este momento Thesa? Bueno no me creas, pero esto ya se está pareciendo a una película en la que nadie le cree a nadie hasta que es demasiado tarde. - No digas eso, ¡es escalofriante!, comprendo que te sientas mal por Steve. Gracias a Dios, no muy a menudo vemos morir a un amigo y en tan penosas condiciones. Debo reconocer que fue lo más horrible que me ha pasado en mi vida. Me parece que será mejor que te vayas a tu casa y descanses un poco. - Si. Tienes razón. Después de lo anoche creo que eso es lo que todos necesitamos. - Esperen un momento chicas, John tiene algo que decirnos… dice April con los pocos ánimos que le dejó la muerte de Steve - Les tengo buenas noticias. Ha sido anulado el cargo por ingreso ilegal a la propiedad privada debido a que se trató de una situación que atentaba contra nuestra integridad física, una “emergencia de seguridad”, por así decirle. - Al menos nos libramos de un problema - comento algo aliviada. - Sí, pero a que precio. Tuvo que morir uno de nosotros - dice Thesa. - No podemos culparnos por lo de Steve. Además, fue él mismo quien nos trajo hasta aquí, arriesgándonos a todos - comenta John bastante molesto. - Estas siendo demasiado cruel al insinuar que se lo merecía - replica April muy apenada. - No me malinterpretes. Nadie se merece morir de esa manera, pero toma en cuenta en que pudo ser cualquiera de nosotros. Hubiera sido más el cargo de conciencia para él. - ¡Ya basta! No quiero hablar más de eso. Ya me voy, necesito dormir - es lo último que dije esa mañana y me fui a casa. Ese día, en la universidad declararon asueto debido al fallecimiento de Steve, también se realizó una solemne ceremonia en su honor, yo no asistí pues no tenia las fuerzas ni la disposición anímica. Necesitaba olvidarme de todo, así que pensé que lo mejor sería ir a visitar a Thesa, es la primera vez que me enfrento a una situación tan delicada y sólo podría sentirme mejor aclarando mis ideas. Por un momento creí estar volviéndome loca pues se me pasó por la mente la idea de que pudimos ser atacados por un ser sobrenatural. “Seguramente solo son tonterías mías” me dije, y emprendí el camino a casa de Thesa. Ella me estaba esperando, como siempre que teníamos problemas, sabía que podía contar con ella, pues como ya lo he dicho, es mi mejor amiga, toque la puerta… - Hola Kate, te estaba esperando. Vamos arriba, ahí podremos conversar mejor. - Thesa, me siento muy mal por lo que ha sucedido, creo que indirectamente ha sido culpa mía… - No te culpes, para nadie ha sido fácil Kate ¿Por qué no fuiste a la ceremonia de Steve? - He estado durmiendo todo el día. He llorado mucho pensando en que jamás le dí una oportunidad y también pensé en April, se debe sentir terriblemente mal - Pues ya sabes, estaba enamorada de Steve. Está muy dolida pero aún así asistió a la ceremonia. Parece que a ti es a quien más te ha afectado esto ¿acaso lo amabas también? - No, no te niego que me siento mal por su muerte, pero mi principal problema no es Steve sino yo misma… - Pues dime, sabes que me puedes contar lo que sea. - Es sobre el hombre del que te hablé - ¡Ah! El hombre invisible… - ¿Ya lo ves? Olvídalo, no me lo vas a creer - ¡Oye! sólo estoy bromeando, estas muy sensible hoy. Ya sabes, la vida continua y no podemos deprimirnos de más. Dime es el hombre del centro comercial de quien quieres hablarme… - Si. No he dejado de pensar en él y en la forma como me miraba… - Kate, no hay nada que pueda decirte que te haga sentir mejor. Estamos por terminar los exámenes finales. Quizá sería mejor que vieras a alguien que te pudiera entender mejor que yo, ya que parece que no te estoy siendo de gran ayuda… ¿has pensado en ver a un psicólogo? - Dices psicólogo por no decir psiquiatra ¿verdad Thesa? - Bueno, a decir verdad, un psiquiatra te podría ayudar si le cuentas que estás viendo cosas extrañas… yo no sé qué decirte… sólo que esta experiencia ha sido muy dura y tal vez traumática. - Crees que me estoy volviendo loca y no te culpo sabes… pienso lo mismo a veces. Iré a Missouri apenas termine los finales. Visitaré a mamá, ella siempre sabe qué hacer cuando me siento perdida… Al salir de casa de Thesa tuve la sensación de ser observada por más de una persona, tal vez debido a la de idea de sentirme completamente desubicada en ese mundo que había sido “mi” mundo hasta el día del incidente del centro comercial. Apresuré el paso hasta llegar a casa. Al finalizar mis exámenes, empaqué lo más necesario para pasar unos días en Missouri con mamá, tal como lo había planificado una semana antes. No tenía más qué hacer en la universidad y mi vida social no era de lo más activa ya que mis altas calificaciones me habían hecho acreedora a ser considerada un bicho raro e impopular entre las porristas y los jugadores de fútbol americano, y también a una beca en psicología. Se preguntarán irónicamente ¿una psicóloga loca? Bueno, trato de probarme a mí misma que no es así…, al menos aún no. Conduje toda la mañana y parte de la tarde para llegar a casa, llegué casi al anochecer, agotada pero feliz de poder ver a mi madre una vez más. Salí sin avisar y llegaría de improviso, mi madre me abrazó muy sorprendida… - Kate! Cariño, no me dijiste que venías. ¡Que alegría que pudieras venir tan pronto!, espero que todo esté bien en la universidad. - Quise darte la sorpresa - abrazo a mamá como una niña de cinco años indefensa y asustadiza - Necesitaba mucho verte y si, las cosas en la universidad están bien en cuanto a mis calificaciones, pero por otra parte… - ¿Tienes algún problema que no me has contado? Te veo extrañamente preocupada, siéntate y tomemos una tasa de chocolate caliente juntas mientras me explicas. Ver a mamá mientras servía el chocolate para las dos me hizo recordar aquellos tiempos de escuela, antes de partir a la universidad. Me reconfortaba tanto estar con ella, a pesar de que jamás conocí a papá, ella había sido mi mundo por muchos años… - Aquí tienes cariño. Ahora dime, por tu semblante puedo darme cuenta de que te sucede algo grave. - Han pasado tantas cosas. Primero ¿recuerdas a Steve, el chico del que te hablé? - Por supuesto, aquel que andaba tras de ti. ¿Terminaste por aceptarlo? - Ahhh mamá – no pude contener un dejo de profunda tristeza en mi voz - Él está muerto. - ¡Virgen Santa! ¿muerto dices? - Y de una manera tan extraña que aún no acabo de comprender, la visión de su cadáver me trae unos recuerdos horribles. Cuando logro concebir el sueño tengo pesadillas toda la noche, aunque por lo general he sufrido de insomnio esta última semana. - No es que trate de hacerte recordar ese momento tan terrible hija pero dime… ¿en qué condiciones falleció tu amigo para que las catalogues como extrañas? - Fue macabro mamá. Algo lo atacó, la policía dice que fue un animal salvaje, un lobo o algo así, aunque por su estado, tendría que haber sido uno enorme o una manada completa. - ¿Un lo-lobo? - ¿Qué te sucede mamá? Está pálida. Llamaré al doctor. - No es necesario hija. Ya estoy mejor. Es sólo que lo que me cuentas es increíble. No tenía idea de que te exponías a tantos peligros allá. Además de los criminales también tienes que lidiar con bestias salvajes… Mamá me ocultaba algo, ella siempre ha sido una persona muy serena, como lo deben ser todos los cirujanos del mundo, por el bien de sus pacientes. Jamás en toda mi vida la había visto palidecer por la noticia del fallecimiento de alguien desconocido ni por la sola descripción del aspecto de un cadáver, que a lo largo de su exitosa carrera como médico, había visto muchos. Además su justificación no fue lo suficientemente convincente para mi gusto… - Mamá, ¿Puedo hacerte una pregunta? - Por supuesto cariño, soy tu madre. Tú y yo no debemos ocultarnos nada. - ¿Qué sucedió con papá? - Ya lo sabes, falleció en un accidente de carretera antes de que tú nacieras, ya te lo había explicado antes ¿es que acaso no lo recuerdas? - Si, por supuesto que lo recuerdo, lo que me parece extraño es que no haya una sola fotografía suya en toda la casa. - Su muerte fue un suceso muy penoso para mí, me deshice de ellas y de todos mis recuerdos después del accidente. Es tarde hija, prepararé tu habitación, debes estar exhausta por el viaje, afortunadamente mañana es domingo y tendremos más tiempo para nosotras. Su súbita despedida me dejó desconcertada, a pesar del agotamiento que sentía no pude conciliar el sueño pensando, esta vez en cómo habría sido papá. Mamá jamás me hubiera mentido acerca de su muerte, no había duda de ello, sin embargo las condiciones en que se había ocasionado, los detalles y el destino de todas sus fotografías juntos ¿cómo pudo ser capaz de deshacerse de ellas? Era algo que no acababa de comprender. Mi innata curiosidad sumada a mi insomnio hicieron que se me ocurriera subir al ático a revisar algunas cosas que mamá tenía olvidadas, tal vez no se hubiera deshecho de todo lo relacionado con papá y pudiera conocerlo, al menos por fotografías. A veces me hacía tanta falta… Aprovechando que mamá se encontraba profundamente dormida, realicé lo que tenía pensado y una caja ubicada en la esquina más alejada del ático llamó inmediatamente mi atención. Me acerqué a ella, como por intuición y vacié su contenido en el piso: la caja contenía innumerables artículos sobre licantropía, recortes de periódicos, revistas y un sobre con fotografías que me apresuré en abrir. Allí estaba mamá, veinte años más joven, abrazada con un hombre muy guapo como de veintitantos años, alto, atlético, sus ojos verdes tan parecidos a los míos… mamá siempre me dijo que tenía la mirada de mi padre y ahora pude comprobarlo. Ninguna fotografía de boda, sólo ellos dos, encantadoramente enamorados, uno para el otro, me preguntaba por qué el destino se había empeñado en separarlos cuando reparé en un pequeño sobre de una clínica en Houston, eran unos análisis sanguíneos de ADN practicados hace 20 años ¿acaso papá habría necesitado de ello para comprobar su paternidad? ¡Era imposible! Entonces por eso no había fotografías de su matrimonio… Las cosas empezaban a aclararse, salvo por los extraños artículos que ya he mencionado antes. Decidí recoger todo y llevarlo a mi habitación. Tal como dijo mamá “mañana habría tiempo para nosotras”. A la mañana siguiente, lo primero que hice antes de desayunar fue abordar a mamá con el tema, traje a la mesa todos los documentos y recortes que encontré en el ático y los coloqué sobre la mesa… - Mamá. Encontré esto en el ático y necesito una explicación. ¡Tú me mentiste! - Hija, yo… no sé como decirte esto… - Solo dime lo que tengas que decir. Por lo que he visto, he podido deducir que papá y tú nunca se casaron aunque estaban muy enamorados. Eso no está en discusión ni es el problema aquí sino esto otro… - le muestro el sobre conteniendo el examen de ADN. - Esto es… - Lo encontré con las fotografías. También tengo una presunción acerca de eso pero no quiero tener que basarme en suposiciones, así que espero que me lo expliques tú. - Te realicé este examen cuando apenas eras una recién nacida porque… - ¿Papá te lo exigió para reconocer su paternidad? ¿Debo creerte cuando me dices que está muerto o es otra mentira mamá? - ¡No! El realmente está muerto pero jamás dudó de su paternidad. El me amaba tanto como yo a él y te amaba a ti también. Ya es momento de que conozcas toda la verdad… - ¿La verdad? ¿de qué verdad estás hablando mamá? ¿es acaso tan dolorosa que has esperado tanto para revelarla o esperabas que yo lo dedujera todo?… Aún así, hay una pieza que aún no encaja y son esos extraños artículos sobre licantropía. - Cuando te cuente todo entenderás… - ¿Acaso me vas a decir que a papá lo asesinó un hombre lobo tal como sucedió con Steve? - ¿Hombre lobo? ¿Cómo sabes que a Steve lo asesinó uno de ellos? - Me estás asustando mamá… He tenido pesadillas recurrentes acerca de la muerte de Steve. Él me dice que eso fue lo que le sucedió, ¿entiendes por qué creo que me estoy trastornando? ¡no puede ser real! ¿o si? - Es más real de lo que crees. Pensé que este momento no llegaría si te alejaba de mí. Si te ibas lejos a estudiar lo que deseabas. Que jamás te encontrarían… Mi mayor temor se ha hecho realidad… - ¿De que rayos estás hablando mamá? - Tu padre. Tu padre era un licántropo Kate. - ¿Papá? - Siéntate. Es una larga historia… Mamá me contó que papá y ella se habían enamorado cuando aún eran estudiantes. En aquella época, en Missouri se hablaba de leyendas sobre lobos gigantes, historias acerca de fieras que atacaban al ganado en las noches de luna llena y de personas que creían convertirse en lobos al haber sido atacadas. Papá y mamá estaban comprometidos e iban a casarse, ella quedó embarazada y muy tarde él se dio cuenta que había sido mordido por un licántropo y sin saberlo se había convertido en uno de ellos. Preocupado por el estado de mamá, le contó lo sucedido, sin embargo ella no le creyó, hasta que un día, un vecino le disparó a un lobo que vio rondando su propiedad y al ir a buscarlo, encontraron a papá muerto, herido con una bala de plata en el corazón. Mi madre entendió entonces que era posible que heredara ciertas características genéticas de papá y le pagó al forense para que consiguiera una muestra de su sangre, con la cual un amigo suyo realizaría un análisis de ADN en su clínica en Houston. El análisis arrojó como resultado una tendencia genética sorprendentemente parecida a la de mi padre, se podría decir mitad humana mitad licántropo. Mientras en el pueblo se mantuvo en reserva todo este asunto acerca de lobos, el amigo de mamá por su parte, también lo hizo con los análisis por respeto a su juramento hipocrático. Esa era la historia de mi origen, mamá me la contaba entre lágrimas y no pude evitar sentir un hondo pesar por haberla tildado de mentirosa cuando lo único que trataba de hacer era protegerme… - Lo siento mamá – le digo muy apenada mientras la abrazo fuertemente. No tenía derecho de hablarte así, de prejuzgarte y de remover tus recuerdos. Hubiera sido mejor jamás haber develado este misterio pero había algo en mí que me hacía sentir tan fuera de lugar… - No tienes que disculparte cariño. Es mejor que lo sepas, tienes la edad suficiente para conocer tu origen, sin embargo no había tenido el valor ni la oportunidad de decírtelo y por otro lado debo advertirte que te están buscando. Eres la clave de su supervivencia. - No entiendo lo que intentas decirme mamá, pero lo que me cuentas es sencillamente increíble. ¡Sólo faltaría que me digas que también existen los vampiros! - ¡Esas son patrañas hija! Créeme corres un gran riesgo ahora que te han encontrado. La raza de los licántropos es conocida como “Hombres Lobo”, porque está conformada únicamente por hombres, pues únicamente ellos, al ser atacados son capaces de asimilar el virus de la licantropía y adaptarlo a su organismo. Tú eres una pieza importante para perpetuar su estirpe ya que eres la única mujer que no moriría al ser atacada, sino que lo asimilarías tal como ellos y eso se debe a tu herencia genética, a que tu padre era un licántropo. - ¡Eso es totalmente inverosímil mamá!. ¿Como podría creer algo así? ¡Es una cosa de locos! - Si no son suficientes mi palabra y las pruebas que hallaste por ti misma, espérame un momento - se fue y trajo consigo una pequeña cajita- mira esto, ¿lo recuerdas? - Por supuesto, es el brazalete de la abuela. - Es el brazalete “de plata” de la abuela. Me lo dio para ti pero jamás pudiste usarlo y ¿sabes por que? Porque eres alérgica a la plata. Toma, sostenlo un momento en tu mano. Me quemaba, sentía que me lastimaba, lo solté pues no podía tolerarlo más y cuando vi mi mano estaba enrojecida, casi como si me hubiera quemado con vapor. Mamá continuó… - ¿A qué clase de persona le produciría esa lesión el solo hecho de sostener el brazalete por un instante? ¿Ahora me comprendes? ¿Crees en mí? La licantropía es para la medicina, un trastorno mental en que el enfermo se cree transformado en lobo e imita su comportamiento. Es la única explicación que han podido darle a lo desconocido. La ciencia siempre busca explicaciones, no pueden creer que esa transformación se de en realidad. - Y yo… ¿soy como ellos? ¿Acaso voy a transformarme en lobo también? - No si no te encuentran. Tus genes licantrópicos están inactivos. Esa condición que te hace diferente, que te haría asimilar el virus cuando en tu lugar otra mujer moriría inevitablemente si fuera mordida aún no ha sido activada, pero si alguno de ellos te mordiera te convertirías en la primera mujer lobo que ha existido. Ellos viajan en manadas, emigran de un lado a otro para hacerse pasar por un fenómeno pasajero y no darse a notar y ahora han llegado a Connecticut. Esa noche mamá y yo tuvimos una larga conversación acerca de los motivos por los cuales yo debía o no regresar a Connecticut. Ella alegaba que me encontrarían, que corría peligro, que era muy posible que la muerte de Steve no fuera una simple coincidencia y que estando juntas podríamos defendernos mejor de lo que viniera; a la vez mis motivos eran igualmente válidos: Estaba a una semana de graduarme en psicología, no estaba dispuesta a dejar toda mi vida atrás y huir como una criminal y sobre todo no pensaba arriesgarla a ella, si habían sido capaces de rastrearme hasta New Hampshire en Conneticcut, harían lo mismo hasta llegar a nosotras en Missouri. Estaba totalmente fuera de discusión para mí, aunque, como señala el código de los hijos desobedientes, le hice creer a mamá que haría lo que ella deseaba. Algunos días después, escribí una carta para ella, exponiendo mis argumentos y advirtiéndole que por ningún motivo viajara a Conneticcut, ya que si lo hacía huiría otra vez. Mi principal preocupación era exponerla al mismo peligro al que yo me enfrentaría más adelante. Empaqué mis pertenencias, tomé un arma que ella tenía y la cual estaba cargada de balas de plata y salí de casa rumbo a mi destino. Unos días después nos encontrábamos en los preparativos de la ceremonia de graduación y coincidentemente yo había sido designada para organizar tal evento, así que los ajetreos me habían mantenido lo suficientemente ocupada como para olvidarme de todo lo relacionado al hecho de estar siendo acechada por una manada de licántropos. Además, en los últimos días todo discurrió con naturalidad en mi vida, desde que volví mis amigos no me dejaron sola ni un momento, debido a ello y a que cargaba siempre en mi cartera el arma de mamá había logrado recobrar mi acostumbrada serenidad. Me preguntaba si acaso se habrían marchado ya. Sería demasiado bueno para ser verdad. Decidí no pensar en ello y concentrarme en mi trabajo. Mientras daba algunas indicaciones para la decoración del salón de baile se apareció Thesa, y me abordó con una amplia sonrisa. - Por lo visto te sentó muy bien el viaje a Missouri. Se te ve más relajada y tranquila. - Pues no me duró mucho la tranquilidad, ya ves la cantidad de obligaciones que tengo para organizar la graduación. Es para ponerle los pelos de punta al más sensato- le contesto sonriente. - Jajaja. Y hasta ha vuelto a ti tu buen sentido del humor. Creo que las madres tienen la facilidad de hacerte ver la vida de otra manera y hasta comprimir en un solo vaso de agua todo un mar de problemas. - Si. Tienes razón. Voy a llamar a mamá, con todo este trabajo casi me he olvidado de ella. Te encargo la elección de los tapices. ¿Podrás? - Por supuesto, ¿acaso ya no confías en mi buen gusto? - No desde que saliste con ese chico negro de Princeton. - ¡Sólo fue una vez! ¡Qué pesada! - Intenta escoger un tono que no sea muy “oscuro” ¿eh? - Ja, ja. Muy graciosa. Vete ya! Ese día conversé con mamá, prometiéndole que volvería a verla apenas me fuera posible viajar, aunque yo seguía pensando era muy peligroso para ambas. Me pareció estaba menos tensa y que en cierto modo se encontraba contenta porque no faltaba mucho para que acabe la universidad. La ceremonia de graduación sería esa misma noche y a la siguiente se realizaría el tradicional baile, donde cada una de las chicas luciría el mejor atuendo posible. Las parejas estaban dispuestas, pero yo había rehusado cortésmente la invitación de varios jóvenes debido a que no creía ser una buena compañía para nadie que no comprendiera por lo que había pasado. Mis amigos decidieron hacer lo propio, así que John invitó a Thesa y nuevamente los tres nos reunimos como siempre. Sólo había algo extraño… - ¿Por qué April no vino al baile? – le pregunté a Thesa. - Es obvio. No tiene ánimos de celebrar sin Steve. Ella me había comentado que pensaba pedirle que fuera su pareja en el baile, pero ya ves… - Bueno chicas, seamos realistas, lo que le pasó a Steve aunque trágico, es solo circunstancial. De todos modos él te hubiera pedido que fueras su pareja Kate – dijo John acomodándose el clavel con actitud despreocupada. - Pues ya lo ves John. Yo no necesito a un hombre para venir a mi graduación- le contesto con un ademán de falsa soberbia. - Además, las porristas ya escogieron todos los deseables ¿no? – acotaba Thesa con intenciones de bromear con John, mientras me hace un guiño para que lo mire. - Ja, ja. ¿Me parece o me están excluyendo de la lista? – nos contesta John con falso enojo. - Si realizaras tu lista de pretendientes, no incluirías a tu hermano a menos que pertenecieras a una antigua dinastía egipcia – explica Thesa mientras nos abraza en señal de complicidad. Es que los tres considerábamos a nuestra amistad como si en realidad fuéramos hermanos, y sabíamos que entre nosotros no había la más remota posibilidad de entablar una relación sentimental, cosa que al principio disgustó un poco a John, y no por causa mía precisamente... - Fue una idea genial realizar este baile con máscaras Kate – dice Thesa - Me parece tan romántico que creo que podría encontrar un príncipe aquí. - No me des todo el crédito, el tema fue elegido por votación. - Si Kate, pero tú eres la causante de que esta noche me sienta como el fantasma de la ópera – bromea John y reímos los tres. - No puedo creer lo que mis ojos están viendo ingresar por esa puerta – dice Thesa con una cara de asombro que nunca antes le había visto – ¿quién es el? Decía esto mientras miraba a un joven que había captado la atención de más de una chica, dejando a sus parejas con la misma expresión de envidia que tenía John en ese instante. Aquel joven tenía una presencia imponente y un magnetismo tal que parecía que el lugar se silenció completamente, con su llegada daba la impresión que las luces apuntaban hacia él. Era casi un espejismo… - Kate, ¿tienes idea de quien es esa maravilla de hombre? – interroga Thesa como sumida bajo el hechizo de aquella presencia perturbadora. - No Thesa, no creo haberlo visto por aquí, pero aún siendo así, sería difícil reconocerlo por la máscara que lleva. - Hola, Planeta Tierra a Thesa Williams. ¿Hay alguien ahí? Cambio. – dice sarcásticamente John mientras le hace señas. - ¡John ya basta! Interrumpes mi concentración. Parece que está buscando a alguien ¿no creen? - Eso parece, pero al menos que posea un gran olfato y la distinga por el perfume le costará mucho trabajo encontrarla entre esta multitud de chicas enmascaradas – le respondo sin darle demasiada importancia. - Entonces presumes que busca a una chica. Me lo imaginaba… un tipo como él y sin pareja, eso sería absolutamente imposible – acota Thesa algo desilusionada. - ¿Me parece o se dirige hacia acá chicas? – pregunta John muy extrañado. - Es verdad… y ¡Te está mirando a ti Kate! - No es posible. Ni siquiera lo conozco – contesto algo nerviosa e intentando aparentar serenidad. - Bueno, si no lo conoces ahí esta tu oportunidad de conocerlo. Johny y yo vamos a bailar. ¡Suerte! – me dice Thesa mientras me hace un guiño y arrastra a John a la pista de baile. Estando sola ahí tuve la sensación de ser un caminante en el desierto viendo como se le acercaba un espejismo y totalmente fuera de lugar. Al llegar junto a mí, el misterioso joven enmascarado se detuvo y me abordó… - Hola. Te vi sola y no pude evitar acercarme a ti… - No, yo…Si, bueno en realidad estoy sola ahora. Mis amigos se fueron a bailar. - Pero no tienes pareja de baile, ¿Es que acaso los chicos de Yale son ciegos? - No, yo de hecho soy una pesada y nadie quiso venir conmigo. - Eso es mentira, si fueras una pesada ni siquiera te darías cuenta de ello y dudo mucho que lo reconocerías, al menos no en público… - Mala excusa ¿eh? Dime, ¿nos conocemos? Porque no creo haberte visto antes… - Tal vez si, tal vez no ¿es muy importante un nombre para ti? - Pues no por ahora, siempre y cuando no estés acompañado de una porrista que pudiera arruinarme la noche… - Jajaja. No, a mi no me gustan las chicas tontas y frívolas. - Entonces al menos sé que no perteneces al equipo de fútbol – le digo sonriente y casi sin comprender qué clase de chico rechazaría a una porrista. - ¿Sabes algo Kate? Cuando esbozas una sonrisa, te ves realmente… preciosa, como un ángel. - Ese es… un hermoso cumplido – replico ruborizándome notoriamente – pero, me desconcierta no saber de quien provino. - Creí que mi nombre no era importante - Sin embargo, tú si conoces el mío, me imaginaba que nos encontraríamos en la misma situación y eso era un poco más equitativo ¿no crees? - De acuerdo, me presentaré adecuadamente, pero quisiera que fuera un momento inolvidable, ya que te confesaré que me gustas mucho y que tú no me conoces. ¿Te parece si nos vemos en otro lugar? - ¿Otro lugar? ¿Qué tiene de malo aquí y ahora? - No se trata de bueno o malo sino de “apropiado”. A menos que pienses que me estoy comportando como un tonto personaje de una obra de Shakespeare. - No, no lo tomes a mal. Es sólo que debo pensarlo. No se tú, pero yo no suelo citarme con desconocidos y menos en lugares solitarios. - Descuida, lo imaginaba. De todos modos, si decides aceptar mi invitación te espero en la glorieta del campus al dar la medianoche. Te revelaré mi identidad y podremos conocernos. Si es que te decides... - ¿Quiere decir que ya te vas? - No podría irme sin antes bailar contigo, al menos una pieza. Dicho esto, me hizo una graciosa reverencia y salimos a la pista de baile. En ese momento sonaba una hermosa balada que se me hizo demasiado corta y al terminar me tomó delicadamente de la mano y dijo: - Recuerda, a la medianoche, en la glorieta. Te estaré esperando, aunque jamás llegues. ¡Ah! Sería propicio que fueras sola y por favor no temas. Se retiró tan misteriosamente como había llegado, pero sin causar tanta conmoción, ya que de seguro lo habían visto bailar tan animadamente conmigo, ocasionándole un daño directo a su popularidad, sin siquiera saber quien era. Ya lo habrían juzgado un intelectual aburrido igual que yo, pero eso me tenía sin cuidado… Casi inmediatamente después de que se fue, llegaron Thesa y John. Sin esperar un momento Thesa me abordó con una expresión de complicidad, ansiosa de enterarse hasta el más mínimo detalle… - Bueno. Ya sabes niña. ¡Queremos saberlo todo! - ¿Queremos? – replica John mirándola extrañado – Eso me sonó a tripulación. Lo último que recuerdo es haber sido remolcado a la velocidad de la luz, desde la pista de baile hasta aquí. - ¡Qué exagerado eres John! Admite que tienes algo de curiosidad por el asunto. Entonces Kate… ¿Cuál es su nombre?¿Qué edad tiene?¿Dónde vive? - Mmm… Thesa no podría responderte todas esas preguntas porque… de hecho no sé ni su nombre. - ¿Qué? ¡Debes estar bromeando Kate! – me increpa John casi paternalmente - ¿Has estado charlando y bailando con un extraño? - Bueno, fue algo interesante, nos comportamos simplemente como un par de enmascarados desconocidos, hasta que me di cuenta que él si sabía mi nombre… - ¡Eso es actuar con ventaja! De todos modos, ya se fue. - ¿Nisiquiera le diste tu número telefónico Kate? Eso si que es desaprovechar la oportunidad - me increpa Thesa con un gesto de decepción. - ¡Vamos Thesa! Tú y John se están comportando como la madre permisiva y el padre sobreprotector. Les agradezco que estén al tanto de mí pero… les tengo un asunto para su discusión y debate… - Esa es mi especialidad – dice el orgulloso graduado de leyes – puedes contar conmigo. - Si es un misterio entonces las mujeres somos mucho más intuitivas para ello. No por nada se dice que poseemos un sexto sentido – acota Thesa para no quedarse atrás mientras mira a John, como deseando que reconozca el hecho de no poder cuestionar su planteamiento. - De hecho – les digo intentando prestarles atención por igual – el misterio será develado luego del debate, así que los necesito a ambos. El misterioso enmascarado me ha citado a la medianoche en la glorieta del campus. - ¡Pero qué descaro! No estarás pensando ir ¿o si Kate? – me reprende John, mientras me mira como esperando una respuesta favorable a su razonamiento. - Pues… - ¿Por qué no habría de ir? – responde Thesa sacándome del apuro - No me parece que ese joven sea un psicópata, además sería un momento realmente romántico… Si yo fuera tú no perdería la oportunidad de poder conocer al príncipe de los cuentos… - Eso es demasiado cursi y poco realista. A veces me da la impresión que Thesa no ha terminado de vivir su niñez – me dice John un poco más serio que de costumbre – de todos modos veo como te brillan los ojos. Si deseas ir a esa cita al menos permítenos acompañarte… - ¡Has perdido la cabeza John! – comenta Thesa - Definitivamente eso es imposible… Vivimos en el 2005, Kate tiene veintidós años y hace más de un siglo que las jóvenes no salimos acompañadas por chaperones. - Es por eso que hoy en día se registran casos tan terribles Thesa – le reprocha John - ¿Es que acaso tú no ves las noticias? - ¿Bueno, ya está! Si pensé que podían ser de ayuda me equivoqué por completo – les digo algo mareada por sus argumentos y conjeturas – Les agradezco pero… estoy más confundida que en un comienzo. Aún faltan dos horas, lo hasta entonces y… bueno a las 12 veremos. Mientras tanto, vamos a bailar – tomo a John de la mano - ¿me lo prestas Thesa? - ¡Te lo regalo! Demasiado aburrido para mí – le saca la lengua a John y le sonríe luego para hacerle saber que el mal humor ya le había pasado. Esas dos horas fueron casi eternas, deben haber pasado más ideas en mi cabeza que cuando resolví mi examen de aptitud para Yale. Finalmente me decidí a asistir a la cita, basando mi tranquilidad en aquellos hermosos ojos azules que me inspiraban confianza y sobre todo, en el arma que infaltablemente llevaba en la cartera. Un razonamiento que me hacía reír por lo extremista de la situación. O aquel muchacho era un ángel y sus ojos lo denotaban o era un demonio y tendría que pagar el atrevimiento. Me sentía más en una historia policial que en una de Shakespeare… A la hora convenida, les comuniqué a mis amigos que iría a la cita, pues había dado mi palabra y que cargaba conmigo un arma infalible… abrí mi cartera y les mostré el teléfono celular… Siempre se puede estar segura con uno de ellos en la cartera. Una timbrada y el 911 llegaría en 3 minutos… - Si te sientes segura con eso… es mejor que actives el sistema GPS para localizarte ¿no crees Thesa? – pregunta John como esperando la aprobación de su compañera… - Sherlock tiene razón, es mejor prevenir que lamentar… aunque sea un poco exagerado “Si te secuestran podremos rastrearte”- comenta sarcásticamente, lo que no le hace mucha gracia a John. Te deseo mucha suerte, pero antes… - saca un frasco de perfume y me rocía – “Curious” de Britney Spears. ¡Ya estás! Lista para lo que venga… Salí con rumbo al lugar de la cita casi exactamente a la medianoche, unos minutos de más no le molestarían si prometió esperarme aunque “jamás” llegara. Al ingresar al campus universitario me dirigí a la hermosa glorieta estilo barroco, una edificación por cierto, bastante propicia para una cita romántica y a solas. El sitio estaba completamente desierto, puesto que aún era temprano para muchos estudiantes, que tenían planeado retirarse de la fiesta con los primeros rayos del sol. Cuál sería mi sorpresa y desagrado cuando al llegar no encontré al misterioso joven en el lugar donde me había sugerido encontrarnos, entonces pensé que se trataba de una broma muy pesada, maquinada de seguro por la confabulación de las dos únicas neuronas de una tonta porrista llamada Vanessa Monroe, enamorada del pobre Steve desde que empezamos la universidad, tanto como April, pero con una actitud más hostil y agresiva. Me molestó verme burlada de una manera tan estúpida, así que decidí marcharme y desquitarme con la pobre Thesa. Mala idea. Cuando di la vuelta para volver a la fiesta, preparada para darle toda la razón a John alcancé a divisar numerosas sombras de figuras humanas entre los árboles. Convencida de que eran los amigos de Vanessa, quienes tenían intenciones de completar su odiosa broma, corrí por el único camino despejado, el que conducía a un cementerio situado a unos metros de la universidad. Tendría que pasar por allí, no tenía otra opción. Al llegar allí, encontré al misterioso joven recostado en una de las lápidas, notoriamente golpeado, de seguro por aquellos que me perseguían a mi también… - ¿Qué te ha sucedido? - Estoy herido, traté de defenderme pero eran muchos - ¿Quiénes?¿quiénes fueron? - Los licántropos – me contestó con naturalidad – te están buscando, debes irte Kate. Te cité en la glorieta para advertirte del peligro pero me encontraron antes. - ¿Cómo sabes de ellos? – le pregunto completamente fuera de mi - ¡Dímelo! - Porque yo también… soy un licántropo. No podía dar crédito a sus palabras. El mismo joven que me había impactado tanto, con quien había estado bailando y en quien había puesto mi confianza era uno de ellos. Empecé a retroceder visiblemente nerviosa ante esa confesión, sintiendo un vacío en el estómago y entonces reparé en que ya era demasiado tarde para huir…habían llegado hasta nosotros. Al verme rodeada, introduje una mano en mi bolso y retiré el arma que había tomado de casa de mamá, realicé cinco disparos pero mi falta de experiencia y la velocidad con que se movían no estaba a mi favor, con la última bala que me quedaba e el arma y encontrándome acorralada por una manada de licántropos furiosos, se me ocurrió una salida: - Deténganse, sé que no podré eliminarlos a todos con una sola bala pero puedo acabar con el motivo de su disputa… Dicho esto apunté el arma a mi sien, tratando de convencerlos de que me quitaría la vida si osaban acercárseme. - ¡Alguien haga algo, esta mujer está loca, se va a disparar!-dijo uno de ellos convencido de que lo haría. Empecé a retroceder lentamente sin dejar de apuntarme, acercándome al lugar donde se encontraba recostado el misterioso joven cuyo origen ya conocía. Al verme acorralada y sin esperanza, lo miré a los ojos, azules y profundos, cansados por la lucha, una única palabra le indicaría a la vez, la única salida posible para ambos… - ¡Hazlo!. Sentí la mordida en mi brazo como una herida ardiente, y luego una sensación recorriéndome de los pies a la cabeza, como si mi ritmo cardiaco hubiera aumentado y la sangre recorriera mi cuerpo a una velocidad impresionante. Me desvanecí. Cuando recobré la conciencia, él estaba a mi lado… - Hola. Espero que te sientas mejor… - Tú. - ¿Te asombra? ¿O es que esperabas a alguien más? - bromea conmigo y me sonríe. - No, solo que por un momento tuve la idea de que todo era un mal sueño y que amanecería en mi cama como todos los días. - Eso quiere decir que soy parte de un mal sueño - me replica sonriente. - Lo siento, no quise ofenderte - le contesto sin poder evitar ruborizarme. Viéndolo de tan cerca y sin la máscara, aprecio mejor que es un hombre realmente muy atractivo. - Lo siento. Debe de ser algo en verdad muy extraño para ti. Sobre todo porque no he tenido oportunidad de agradecerte por salvar mi vida. - Lo extraño de todo esto es que ni siquiera sé tu nombre. - Keneth. Es mi nombre y lo ha sido por mucho tiempo. Ya no recuerdo cuanto. - Te refieres a que eres… No pude completar la frase. El terror que me producía el saber que estaba frente a algo desconocido, algo que solo se veía en las películas no me lo permitió, sin embargo él lo hizo… - ¿Inmortal? – me dice él, sin inmutarse. - ¿Eso eres? – cuestiono aterrada. - No del todo. Como tú muy bien sabes la plata nos ocasiona un daño muy grave y siempre que sea disparada al corazón es inevitablemente mortal. - Pero… ¿eso es lo que soy yo ahora? ¿Tú…me hiciste esto? - No se si recuerdas muy bien lo que pasó anoche. Fuiste tú la que me pediste que te mordiera. Estábamos rodeados y no había otra salida, uno de ellos lo hubiera hecho en mi lugar y… - ¡Lo recuerdo todo!-le grito con las pocas fuerzas que me quedan e intento levantarme sin éxito. - Tranquila. Estás muy débil. Debes alimentarte. - ¿Alimentarme dices? ¿Es que debo salir a matar a alguna persona inocente? - No podía creer que esto me estuviera pasando a mí. - No te alteres, te hará debilitarte más aún. Te traje algo ligero, un poco de fruta no te caería nada mal, debes hacer un esfuerzo e intentar probar bocado. - Te lo agradezco Keneth - le contesto más calmada. Aún no acepto lo que me ha sucedido. Pero aún así tengo una pregunta que hacerte… - Dime – replica sonriente, sin adivinar siquiera la difícil pregunta. - ¿Fuiste tu quien asesinó a Steve aquella noche en el centro comercial? - Es posible, aunque no probable. - ¿No sientes ningún remordimiento por ello? Steve era mi amigo - Sé que era tu amigo y que aspiraba a ser más que eso… - ¿Entonces fue por eso que lo hiciste? ¡Estabas conciente de ello! - A ese punto quería llegar. Me refiero a que te dije que es posible, ni lo afirmo ni lo niego porque ni siquiera yo mismo lo sé, pudo haber sido cualquiera de la manada, no solo yo. - Pero tú estabas allí, al día siguiente, yo te vi. - Eres muy perspicaz, no pensé que alcanzaras a verme pero eso no significa nada. Yo no era el único licántropo cerca y si quieres saber un detalle interesante, no se si alguno de ellos sepa lo que hace mientras estás en ese estado. - ¿En realidad no lo recuerdan? – pregunto incrédula. - No lo creo, al menos no en mi caso. Cuando aparece la luna y ocurre la transformación pierdo toda conciencia de ser humano y no sé donde estuve ni que hice la noche anterior. - Eso… me sucederá a mí también ¿verdad? Me embargó una sensación de angustia profunda y desesperante, pensé inmediatamente en mis amigos, en lo que sería capaz de hacerles en un momento de inconciencia e instinto animal. Lo único que me alegraba era que mamá no corría peligro alguno… - Por el momento no… - Disculpa…estaba abstraída en mis pensamientos, pero dime algo… ustedes estuvieron buscándome ¿verdad? Es lo que hace la manada, tratar de perpetuar su especie. - Somos animales tanto como humanos. Tú no ves más allá del fin reproductivo, nos juzgas sin conocernos. - ¡Pero si casi te matan por mi causa! No creo que sea la única mujer en el mundo con las características genéticas necesarias para asimilar el virus de la licantropía, sin embargo, se matan entre ustedes para conseguir lo que desean, por arrebatarse la presa ¿no es así? - ¿Y no es lo mismo que hacen los seres humanos? Matarse por lo que desean, territorios, riqueza, o intereses personales pero formalizan su matanza llamándola guerra. - ¿Los estás justificando? - No, pero no hay nada que se pueda hacer al respecto, la naturaleza animal hace que reaccionemos de esa manera. De todos modos, creo que nos hemos salido del tema, hay algunas dudas que aún tienes que despejar y estoy aquí para eso… tu conciencia humana, es eso de lo que querías hablar ¿no es así? - Bueno. Estaba pensando en que... podría dañar a alguien querido si no sé lo que hago… - Podría ser, pero aún falta mucho para el siguiente cambio de luna. - Es necesario que nos vayamos de aquí, sácame de la ciudad, no quiero lastimar a nadie. - Es muy probable que no lo hagas, tus instintos te lo impedirían, pero si quieres sentirte más segura, tienes algunos días para despedirte y empacar. ¿te irás conmigo? - Me lo preguntas como si tuviera opción. - No la tuviste desde el comienzo, pero al conocerte…- por un momento sus ojos azules me miraron con ternura e intentó acercarse a mí, pero luego regresó a su actitud seria - olvídalo, no lo creerías. - ¿Que es lo que ibas a decir? - Que no voy a obligarte a venir conmigo y que si hubiera tenido alguna opción te hubiera dejado ir anoche, pero eran demasiados y no habría logrado detenerlos a todos, inevitablemente te hubieran alcanzado y mordido, en el mejor de los casos. - De acuerdo, iré contigo. Ahora mi vida es completamente distinta y si alguien puede enseñarme, ese eres tú. - Ahora descansa e intenta comer algo de esto, se podría decir que estás enferma puesto que apenas estás asimilando el virus y no quiero que te debilites. Más tarde conversaremos un poco más… Keneth era un hombre realmente seductor, alto, atlético, ojos azules muy profundos y cabello negro, una mirada perturbadora capaz de poner nerviosa a cualquier mujer, una sonrisa perfecta. Era la primera vez que lo veía tan cerca, sin embargo, no sería la última, ya que sin conocerlo, me había convertido en su compañera; algo muy inusual, puesto que las circunstancias me habían colocado en un callejón sin salida, entre la disyuntiva de morir o vivir como licántropo. Aún ahora después de tantos años, veintisiete para ser exactos, recuerdo con lujo de detalles, aquella extraña experiencia que me convirtió en lo que ahora soy. He tenido noticias de Thesa y de John. Ambos están felizmente casados y formaron hermosas familias, pero se frecuentan poco pues Thesa vive en San Francisco y John en New York. Thesa es reportera de una de las más grandes cadenas de noticias y madre de gemelos: Brenda y Brandon. La veo en la televisión cada vez que puedo y a pesar de tener casi 50 años luce realmente bien, a los gemelos los conocí por una fotografía que me hizo llegar por la Internet, ahora ya deben casi tener la edad que teníamos nosotras la última vez que nos vimos. John, por su lado, es un abogado exitoso, tal como lo esperábamos, su posición económica es bastante buena gracias a su gran reputación, ganada a pulso, ya que no ha perdido ningún caso que se le ha encomendado. Pero a pesar de las grandes satisfacciones que su carrera le ha brindado, su esposa y sus tres hijos: dos niños de 15 y 12 y una bebé de apenas 3 años son su mayor recompensa. Tiene un hogar muy sólido y lo único que lamenta es haber aumentado cerca de 15 Kg. de peso. Como lo ven, no todo es perfecto… Por mi parte he logrado ejercer mi profesión, sin embargo me es imposible permanecer muchos años en el mismo lugar por lo que mi esposo Keneth y yo nos mudamos constantemente a fin de que nadie note que ninguno de los dos envejece ni envejecerá jamás. Así que mantengo contacto con mis amigos vía telefónica, inventando las más variadas excusas para evitar encontrarme con ellos, pues es obvio que no comprenderían por qué sigo teniendo la apariencia de una muchacha de veinte años. He formado una familia y he comprendido a la vez muchas de las dudas que tenía pendientes. Los licántropos puros como mis dos hijos: Stephanie y Joseph no entrarán en fase de transformación sino hasta la edad adulta, se desarrollarán completamente hasta llegar a los 25 años. No atacamos a las personas como todos creen, a menos que veamos amenazada nuestra supervivencia, nos alimentamos normalmente como cualquier humano y en días de luna Keneth y yo dejamos a los niños con una nana por las noches y partimos rumbo a alguna propiedad que rentamos en la ciudad de turno. Mediante hipnosis he logrado controlar nuestra conciencia humana, me especialicé en ello y se lo enseñé a Keneth quien aprendió con una facilidad asombrosa. Se imaginarán que era inevitable que Keneth y yo termináramos casándonos, sin embargo, era “posible pero no probable”. Estuvimos juntos un tiempo sólo como amigos, él comprendió eso y lo aceptó en buenos términos pues nada, excepto nuestra similitud, me obligaba a estar a su lado como pareja. Después de todo teníamos todo el tiempo del mundo para nosotros, creo que el hecho que nos necesitáramos mutuamente pues éramos miembros excluidos de la manada nos llevó a compartir una profunda amistad que luego se tornó en amor. Nos casamos sin mucha ceremonia y con los testigos necesarios, por supuesto que mi madre estuvo allí. Luego de ponerla al tanto de lo que sucedió aquel día del ataque de la manada y de convencerla que era feliz estando al lado de Keneth, que nos comprendíamos y que habíamos decidido casarnos, ella aceptó nuestra decisión, no sin antes darnos un sermón prenupcial y posteriormente desearnos que seamos felices “para siempre”, lo que tomamos por supuesto, literalmente. Esa es la historia, tal cual sucedió, me imagino que será un poco inverosímil pero como ya lo dije, hay cosas que intentamos explicar en términos racionales, con el objeto de huir a nuestro inherente temor a lo desconocido. A lo largo de estos veintisiete años de mi carrera lo he descubierto. Personas que creen haber sido objeto de fenómenos paranormales o de visiones, son tratadas como enfermos psiquiátricos que sólo sufren de alucinaciones. Intento darles una nueva esperanza, a veces necesitamos que nos crean… no sería capaz de no advertirles si se encuentran en peligro. Suele suceder, más a menudo de lo que creen, en este mundo hay cosas extrañas e inexplicables como la licantropía, aunque debo admitir… sigo rehusándome a creer en el vampirismo, ni Keneth, con todos los años que lleva encima –poco más de cien - ni yo hemos visto nada que nos haga creer en el… ¿tal vez tú si?


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios
 



Busca relatos


InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio



siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com

¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.