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  fantasia > Fantasia GeneralLas personas que existen

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se publicó en la web el 03 de Abril del 2008

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  Categoría: fantasia > Fantasia General
  Titulo:

Todo el mundo ha tenido ganas de escaparse alguna vez. Aunque sólo sea una. Creo que las personas que nunca han tenido el impulso de dejarlo todo atrás y marcharse hacia algún sitio mejor, es que no han tenido ni siquiera un problema en la vida. Y por tanto, no existen. Aquel día yo tenía tantas ganas de mandarlo todo a la mierda y coger el primer tren que hubiese en la estación, que no me paré a mirar porque estaba tan enfada realmente. No lo cogí, naturalmente, ni siquiera salí de casa. El deseo de escaparse la mayoría de las veces sólo queda en eso, en deseo. Luego se va evaporando poquito a poco, a lo largo del día, como un fuego cuando no se alimenta. Luego incluso te sientes bien. No sabes exactamente porqué. Nos sabes si es por haberte quedado, por no haber sucumbido a la tentación, por haberte librado de una buena reprimenda. Seguidamente vuelves a tus quehaceres, libre ya de la presión, vuelves a tu vida como si realmente el sólo afán de haberlo sentido, fuera ya de por sí un escape al país de los sueños... Pero lo realmente nefasto es cuando ese deseo no se va, se queda allí contigo, día tras día como una mala sombra. Como un mal presagio. No te abandona ni cuando duermes, porque aun durmiendo sueñas con escapar, ni siquiera sabes el destino, la ciudad, ni ves el paisaje, ni la meta que supuestamente te hará tan feliz. No importa. La mayoría de las veces ni siquiera importa a donde quieres ir a parar. Porque la cuestión es esa, escapar. Con el acto en sí ya ganas algo, desafías cualquier poder que te retenga, te libras de cualquier necesidad por estar allí, rompes los lazos que te unían y es…como rebelarse contra una autoridad mayor que tú. Cuanto más fuerte sea el vínculo que os une, cuantas más obligaciones tengas, más grande es tu rabia y tu deseo por partir. Ni siquiera es como un viaje. No piensas en maletas, ni en ropa, ni en que dejar, ni en que llevarte. Podrás ser la persona más materialista del mundo, que en los cinco segundos que sientas realmente el ansía por desaparecer, te verás sola en un muelle, andén, aeropuerto, carretera, sendero -la opciones son muchas - completa, total y absolutamente sola. Tampoco es como una excursión. No piensas en llevarte a nadie. Por mucho que quieras a una persona, no se te pasará por la cabeza llevártelo contigo, no en el momento en que parece que es necesario echar a correr sin volver la vista atrás. No en el momento en que estas sin maletas y a punto de irte. Te vuelves efímeramente la persona más egoísta del mundo. Y te sientes bien. No hay equipaje que te recuerde, ni persona que te mande. No hay nada más que un destino (el destino de tener que alejarte), y luego el vacío de no tener que decidir nada porque aun estás en casa… Pero lo realmente dificultoso es cuando ya estás preparada y no hay marcha atrás. Es como si tiraran de ti, te sientes completa porque vas a dejar atrás aquello que no te colmaba, la rabia de no poder cambiar las cosas y la satisfacción de poder cambiar tu. Porque allí a donde vayas, a la fuerza tiene que ser mejor que lo que dejas atrás. Quizás te asalten los remordimiento de última hora, las cosas que decidiste no llevarte, de quien no te despediste. Pero ya está hecho, haz tomado la decisión de tu vida, tal vez una de las más importantes. Porque tu eres la que has sentenciado el camino de tu vida. Y esas decisiones suelen ser valiosas porque las dictaminas tú. Y tú siempre puedes equivocarte. Recuérdalo. Te puedes equivocar porque eres humano, y existes. Porque si no existieras no sentirías ese deseo de escapar que alguna vez nos ha asolado con sus mayores exigencias. A esas personas que están libres del pecado de las ataduras, y están seguros de su destino, sólo me queda decirles una cosa: Buen viaje…


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