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  terror > Terror GeneralLas estudiantes

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se publicó en la web el 01 de Diciembre del 2008

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  Categoría: terror > Terror General
  Titulo:

Esta historia no tendría que haber pasado nunca, pero no se puede retroceder en el tiempo, éramos cuatro amigas que estábamos a punto de iniciar un viaje de fin de curso, lo único que se diferenciaba de las demás alumnas, era que nosotras lo hacíamos por nuestra cuenta, nuestros padres no lo veían bien, pero ya teníamos 17 años para 18, no tuvieron más remedio que claudicar. Ya estábamos las cuatro en el anden del tren, esperemos unos minutos que parecieron eternos, íbamos a empezar una aventura, nos quedaban 1200 kilómetros por delante y todo eran nervios unidos con una alegría inmensa por el hecho de no estar bajo el mando de nadie, éramos libres por una semana. Lleguemos pasadas las 11 de la noche, tomemos un vaso de leche y un croissant, ya estábamos en París, no lo podíamos creer, fuimos derechas a la cama, mañana nos esperaba un día lleno de emociones Así fue, vimos la torre Eiffel, a la noche iríamos de discoteca, teníamos ganas de conocer la noche parisina. Todo fue perfecto, conocimos a unos chicos, la verdad eran bastante más mayores que nosotras, por lo menos tenían treinta años, había uno que me gustaba y parecería que yo a él también, la cuestión es que volvimos a quedar para el día siguiente. Mis amigas y yo estábamos encantadas, nos enseñaron la parte más gamberra de París. Todo parecía ir bien hasta el momento que nos ofrecieron fumar un porro, también llevaban cocaína, pastillas, eran como un laboratorio andante, nosotras dijimos que no habíamos fumado nunca porros ni nada por el estilo y que no queríamos saber nada de ese tema, parece que quedó claro y no nos ofrecieron más. Habían pasado cinco días sin darnos cuenta, solo quedaba uno de estar allí, para celebrarlo nos invitaron a una fiesta en casa de uno de los jóvenes que habíamos conocido, nos pareció bien y nos pusimos la mejor ropa que teníamos. Nunca nos recogían en el hotel, por sí nuestros padres preguntaban algo, no hay que olvidar qué todavía éramos menores de edad y las reservas las tuvieron que hacer ellos, conforme nos daban el consentimiento. Cogimos un taxi y fuimos a la dirección que nos dijeron, allí nos recogieron y nos llevaron a las afueras de París, a unos treinta kilómetros, siempre habíamos creído que la fiesta se hacía en la ciudad, no le dimos importancia. Lleguemos a una urbanización bastante solitaria, las casas estaban muy separadas entre sí, bajemos de los dos coches, nos habíamos repartido cuatro en cada uno. La música se oía desde fuera, debía haber mucha gente, dos de ellos nos acompañaron arriba mientras los otros dos empezaron a cerrar todas las puertas. Al llegar al salón de donde salía la música vimos que no había nadie, donde estaba la gente, qué era aquello. Enseguida subieron los otros dos y al pedirles explicaciones nos dijeron que la fiesta era intima que solo éramos ocho en total, nosotras y ellos y que esperaban pasarlo muy bien, no se habían tomado tantas molestias para nada, lo tenían todo planeado, habían dejado la música puesta para que pensáramos que había mucha gente en la fiesta y así subiríamos sin sospechar nada. Les dijimos que por favor nos dejaran salir qué no era lo que nosotras queríamos, se enfadaron mucho y nos sentaron de un empujón en un sofá viejo y sucio que apestaba, entonces vi unas cuerdas y cinta aislante y me asusté, una de mis amigas empezó a llorar, las otras no decían nada, solo nos mirábamos, la que lloraba nunca había salido con un chico, no tenía ninguna experiencia, nosotras ya habíamos tenido alguna pero consentida, esto era muy diferente. El miedo se apoderó de nosotras, no hacía mucho habían raptado y asesinado a tres chicas, salió en todas las noticias internacionales, y el sitio del suceso era en los alrededores de París. Nos dijeron que no nos hiciéramos las tontas que ya sabíamos porque estábamos allí, que sí nos portábamos bien no nos pasaría nada. Nosotras les supliquemos que nos dejaran marchar, qué se habían equivocado con nosotras que no diríamos nada, pero ellos empezaron a reírse sin parar a la vez que sacaban unos cuchillos de cocina, con el nerviosismo del momento a una de mis amigas le dio un ataque de epilepsia, cayó al suelo con espasmos incontrolados, dos de los hombres se agacharon a ver que pasaba, en ese momento no lo dudé, cogí un atizador de la chimenea y les aticé tan fuerte que les rompí el cráneo, con la confusión del momento nos hicimos con los cuchillos y las cuerdas y logremos atar a los otros dos, pasemos de secuestradas a verdugos. La cosa había dado un giro de 360 grados, sin darme cuenta había matado a dos hombres y teníamos dos testigos, la policía no se creería lo que había pasado, ellos lo negarían todo, y nos acusarían, no podíamos dejarlos con vida, nos apartemos de ellos para hablar y lleguemos a la conclusión que había que eliminarlos. Como yo había matado a dos, ellas matarían a los otros dos, y así todas estaríamos implicadas y nadie se iría de la lengua. Nos suplicaron hasta la saciedad, pero la suerte ya estaba echada y no había vuelta atrás, mis amigas los mataron de la misma manera, con el atizador. Limpiemos todas nuestras huellas con calma, teníamos toda la noche, dejemos todos los cajones y armarios revueltos como sí se tratara de un robo, el ver tantas películas de terror, me ayudaban mucho en la escena del crimen. Limpiemos las huellas de los coches, nos pusimos guantes y nos subimos en uno de ellos y regresemos a la ciudad, lo aparquemos bien para que no llamara la atención y nos fuimos al hotel, púes al día siguiente cogíamos el tren rumbo a casa. De camino a casa comentemos que esto sería un secreto para toda la vida, por fin ya estábamos en nuestro hogar, con nuestra vida de siempre, lo que nos quedó claro de todo esto es que si nos casábamos algún día, ninguna de nosotras iría de viaje de novios a París. De esto hace 40 años, todas nos casemos, cada una vive en una ciudad diferente y no tenemos contacto alguno, es lo mejor para todas. El otro día mi hija que acabó los estudios, me dijo que pensaba ir a París como yo, pegué un grito de histérica y le dije que no fuera, que siempre hacía muy mal tiempo, no sé me ocurrió otra excusa mejor, a lo que ella me contestó que lo tenía decidido, quería tener mis mismas experiencias, no supe que decir, simplemente mi vista se dirigió al atizador que había junto la chimenea.


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