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  ficcion > Narrativa LibreLadrón De Ladrones 2º capítulo

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se publicó en la web el 09 de Marzo del 2009

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  Categoría: ficcion > Narrativa Libre
  Titulo:

2º Capítulo. Recordando. "- Esta va a ser mi casa el día de mañana…no me importa a qué precio la conseguiré…pero va a ser para mí... - No comprendo por que ese interés... - Es la mejor casa en la que he estado hasta el momento...aquí vivía la señora Odulia…era la mejor mujer que vivió sobre la tierra….era buena…amble…cariñosa…no tenía hijos la hija suya es adoptada…. Su marido estaba peor que ella y se fue ella antes…no sabes cuantas veces me dejó con ella…me daba regalos…me quería mucho…de Asturias se vinieron para aquí porque el clima estaba matando a su marido…tenía una enfermedad muy grave…no me acuerdo cual era...pero sé que me contó que buscaban un sitio para que el viviese más y al final se acomodaron aquí... ella decía que la humedad de aquí era lo mejor para su esposo…un día le dio un dolor en el pecho y ella se murió... creo que perdió el conocimiento y se hizo una herida con algo cortante, también... y se desangró...no me acuerdo... yo estaba jugando con su hija...y hace poco la muy caprichosa vendió todo para tener dinero...y ahora mírala... llena de dinero pero sin amor... borracha perdida... Cada vez que pasábamos por la casa lo decía...de aquella no pasábamos de trece años y se enfadaba al ver que estaba descuidada... muchas veces entraba en la misma por una ventana y allí juntas nos apoderábamos de una casa que no era de nadie…la limpiábamos como si fuese nuestra…y desde que se la compró a la chica esta viviendo en ella…nunca pensé que la casa se adentrase en el monte…cuando me la enseñó después de limpiar todo el bosque que la rodaba me asombré... - Y sabes lo mejor de todo Linda… - No... - Que esto vale el doble del dinero que solté...que se fastidie...le importó muy poco todo lo que me importó a mí siempre...el llegar a algo para dejárselo a un hijo...cuándo te das cuenta de ello das todo por lo que tus padres lucharon para que vivas mejor…y yo tengo pensado tener dos hijos…para uno la de mis padres que pienso arreglarla pronto...y la otra para el otro... - ¿Cómo la compraste? - Veamos...con ayuda de alguien que conoces muy bien…entre los dos nos salió mejor... - No entiendo... - Que “corta” eres...tu hermano está conmigo desde hace bastante tiempo y la hemos comprado entre los dos... Me sorprendió...tenía las ideas de futuro claras…con diecisiete años...a esa edad yo estaba pensando en conseguir chico y salir con él... asomaba de la edad de mi hermano que le lleva seis años…aunque Sergio piensa de forma distinta a todos los que conozco... puede tener como diez años mentales más que los de su edad..., pero me lleva cuatro y es seis años mayor que Meli... nunca lo entendí..., pero creo que la vida que llevo siempre la trasformó en lo que es... y las responsabilidades que tuvo desde niña…al igual que mi hermano... es como si hubiesen nacido pasa ser pareja...el pasado era lo que le informaba del futuro al que estaba dispuesta a llegar…nunca se abandonaba como yo a los problemas... cuanto más complicados más sencillos de solucionar... se pensaba todo mucho...y razonaba sobre todos los caminos a escoger para salir del apuro... con dieciséis años comenzó a trabajar y con dieciocho tenía una profesión labrada... con veinte su primer hijo y con veintitrés consiguió algo que siempre había soñado tener... unos estudios dignos y un futuro provechoso... No entendía cómo se labraba todo..., pero ha conseguido una buena base para un futuro deseado y disfrutar de una vida plena...no me había esperado que esa niña de tres años que asomó por mi casa con la mejor amiga de mi abuela se iba a juntar con mi hermano de mayor... pensé en su momento que su relación se acabaría algún día porque eran de dos edades distintas..., pero resultó que me dieron una lección estupenda... y hoy en día tienen tres hijos maravillosos... Marina la mayor... Ángel, el segundo, y Harim, el úlimo. Un nombre bastante raro..., pero se fueron de vacaciones a Turquía y vino embarazada de allí... Por eso ese nombre…” hablaba para sí, leyendo algo de lo que su amiga le había escrito. “Conocía a todos los vecinos y sabía cómo hacerles daño..., no le caía ninguno bien...todos la detestaban porque tenía un genio sorprendentemente fuerte y era muy dura y agresiva con sus palabras…pero se lo había ganado a pulso... y ha trasformado su hogar en una casa mágica... sólo tiene cuarenta y dos años y vive la vida al límite..., y han tenido tres hijos bastante interesantes... Los míos son más pequeños... ella ha apurado mucho..., pero es feliz…”. Recordaba viendo por la ventana a una mujer encantada con las rosas de colores que adornaban el jardín, mientras se acercaba a saludar a su amiga como todos los días al finalizar la jornada y ya entrada la noche tomar un licor o un café con ella recordando lo que su abuela hacía con sus amigas y respetando su memoria. De repente el pasado se fundió con el presente y dos niñas saludables y activas caminaban juntas por la terraza de una casa de ciudad, no tenían mucho mundo por descubrir, pero para ellas era inmensa; rodada de infinitas macetas que separaban las calles lindantes como un campo en flor de inmensos colores y perfumes penetrantes. Rodadas de un muro de piedra que se correspondía con los tabiques de la casa, alzada de una sola planta daba entada desde la calle a la terraza, el sol pegaba fuerte, más el fresco de la primavera comenzaba a asomar. Ya eran altas horas de la tarde y ambas ancianas no dejaban de charlar sobre vida y vivencias pasadas. No había tanto tiempo que estuviesen hablando sobre lo de siempre, pero su memoria fallida con el tiempo, las obligaba a recordar todos los días la misma conversación con nueva información; contrastaban habladurías, al saborear delicadamente, como damas de alta categoría, el café que estaban tomando; acompañado por madalenas, galletas y sin falta el pan de siempre que no dejaban de lado y lo comían como si fuese un manjar cualquiera, de sabor intenso y dulzura sin igual; trituraban con sus dientes gastados la corteza del mismo mientas escuchaban a sus nietas jugando alegremente a jardineras y vendedoras de flores en la plaza. Sin sobrepasar los límites de la solana. Ambas en su juventud habían sido bien vistas y hablaban educadamente, mas una sin la otra no eran nada, una de ciudad y otra de pueblo; las separaban siete kilómetros, pero siempre se visitaban; los lunes, los miércoles y los viernes. Melinda era hija única, y sus padres la trataban como una princesa, mas su carácter era demasiado alocado, activo, malicioso; su abuelo se molestaba siempre, aún no hubiese puesto una piedra en un lugar mejor, para hacerlo mas hermoso todo y este ya estaba gritándole; temía hablar, era demasiado tímida, y ver a un chico en casa de su mejor amiga, le daba seguridad y firmeza para poder sonreírle a su abuela de camino a casa. Era feliz saliendo de casa y deseaba todas las noches que al día siguiente la fuese a visitar; pedía a las figuras imaginarias que la acompañaban en su habitación que viviese una nueva aventura, que aprendiese un juego nuevo con su mejor amiga. Luego cerraba los ojos y se imaginaba la aventura que iban a hacer ambas, respetando lo que habían hecho ese día y la había alegrado mucho, siempre estaba dispuesta a aprender cosas nuevas de la gente que la rodaba. Solitaria desde la mañana a la noche, discutía y hablaba con las paredes como si en ellas estuviesen todos sus amigos, planeaba de lo que iba a hablar y recordaba lo poco que se había almacenado en su cabeza desde el día anterior y con lo que había soñado, siempre fijándose en todo cuanto la rodaba y acompañaba hasta la casa de sus primos o su mejor amiga, pues no todos los días estaba en un mismo lugar, y en su respectiva casa no estaba nunca. Iba y venía de la plaza con su abuela; acompañaba a su madre cuando quería estar con una amiga y su padre trabajaba; comía en casa de sus amigas pero siempre quería llegar a casa y abrazarse a su abuela. Parecían como madre e hija, lo que una decía la otra lo hacía; su abuela era paciente, cariñosa, amable, buena, de corazón demasiado noble para ser corrompido; había heredado de la misma, ese carácter, mas se había mezclado con cuatro personalidades que convivían en la casa en harmonía y compañía. Su padre era tranquilo, trabajador, pero demasiado serio y recto; su madre demasiado impaciente, dura y exigente; y definitivamente su abuelo un caso extraño, alguien que no debería abrir la boca, o alzar una mano. Pues hacía demasiado daño en las almas de cada uno de ellos. Normalmente con esa edad ya buscaba la forma de salir de casa, no estaba a gusto, observaba con admiración todo; cada detalle de una puerta era importante, la estudiaba, hablaba al viento para saber su opinión, ya que lo recorría varias veces al día y encontraba en lo perfecto un fallo, luego le comentaba a su abuela lo que le parecía la misma calle de todos los días y las diferencias con los días anteriores; era astuta, sus primeras palabras salieron de sus labios tarde, pero meditaba todo lo que decía; buscaba con el tiempo la forma de agradar a todos, descubriendo casi por naturaleza divina lo que a cada uno le molestaba, siempre cautivaba, encantaba y solo con una mirada hacía que se fijasen en ella. Todo lo estudiaba y lo practicaba, viendo los resultados y advirtiendo lo que conseguía a cambio de su actitud comparable con todos sus compañeros. Más imitaba a todo el mundo como si fuse una actriz de cine y luego lo perfeccionaba, como si fuse ella la única que encontrase una actitud o una acción incompleta. Sus ojos descubrían infinitas cosas que nadie se atrevía a demostrar; su amiga era distinta, hablaba con todos, reía, siempre rodeada de chicos; a veces le preguntaba sobre su acción y otras simplemente le decía lo que tenía que hacer o no, para ser más importante para ellos, pues el tato de todos entre ambas dos era muy distinto, ella era la princesa de Sergio y su amiga la bruja que no quería tener en casa su hermano; al igual que los amigos de su pariente, que la querían y mimaban; eso le gustaba, se sentía superior a todo el mundo y esa necesidad de ser apreciada se transformaba en encantar como hacía Melinda, labrándose un camino que la animaba y hacía grande. - Hola Meli... - Hola... ¿Y Linda?... ¿me cuentas un cuento?... - Está jugando con su amiga Carla en la casa vecina... Creo que no vienes en buen momento..., pero si te cuento un cuento... tengo tiempo... ya hice los deberes y puedo estar contigo un poco... ¿Cuál quieres?... - Traje uno que no me leíste…y el abuelo...la abuela y mama están muy ocupados para hacerlo... - Claro... sabes que te cuento lo que quieras... Con esas palabas esta se abrazaba a este y le daba un beso en la mejilla haciendo que este se sonrojase por la ternura de ese contacto. Meli había estado rodeada de los amigos de Sergio desde muy pequeña, aún no andaba y dormía todo el día. Su abuela la llevaba de paseo, a casa de Dolores, su única amiga; allí todos la cogían en brazos y la hacían reír. Era la niña preferida por su hermano por su sonrisa especial, y molestaba a Linda, su hermana, criticando sus actitudes y amagándola hasta hacerla llorar; a su mejor amiga la galardonaba con cosas bonitas y le lía siempre los mejores libros, pues su cariño era tal que no pasaba ni un minuto o momento sin abrazar a Sergio como si fuese su hermano, confundiendo los familiares y hacerlo parte de su linaje sin haberlo esperado su abuela. - Estas son azaleas... la abuela dice que son muy ricas para oler... - Hola hermana... parece que tienes una jardinera nueva... hola... - Hola Sergio... si Meli es mi nueva jardinera... estamos regando las petunias... ya están grandes... porque le echamos mucha agua... y le cantamos... no le ponemos música porque la abuela no nos deja..., pero le acariciamos las hojas...y va a crecer más que las otras... - Y es más pequeña que tú... Melinda... hola hermanita... - dijo alzándose y ver a los ojos a su hermana- ... ¿quieres que te cuente un cuento?...no me veas así... con esos ojos…antes te gustaban... no hace mucho que no nos encontramos en casa…un año o así... ¿no tienes amigas Linda?...-dijo finalmente, pues detestaba que jugase con su amiga a lo que jugaban sus compañeras, nunca había jugado con él y su madre lo había obligado a jugar a sus jugos como buen hermano mayor. -Sí..., pero están en sus casas...van a venir pronto... ya lo verás... y cuando vengan le cuentas un cuento, si quieres... o si quiere ella... porque seguro que se aburre contigo... si no estaba llamando a tu puerta... y tú tienes amigos..., pero quieres estar con ella... te van a llamar chica... - Y tú cinco... parece mentira que hables de esa forma... no asomas los años que tienes... vas hacer seis años... tienes que hacer otras cosas..., como por ejemplo leer... como hacía yo a esa edad y si le cuento cosas a Meli es porque es mejor que tú... se interesa por saber cosas y es cariñosa... y tú eres lo contrario...siempre te ha gustado molestarme...no pude estar ningún día que estaba contigo tranquilo haciendo mis cosas…siempre me fastidiabas y luego le decías a mama que te había hecho daño... - ¿Te gustan las flores?....-dijo sonriente Meli enviando una mirada de interesada a este.-... en ellas hay hadas... que las pintan..., pero no las ves... - No, a mi hermano le gusta el fútbol... tiene catorce años... y es un tonto...un insoportable y muy malo con las chicas..., no deberías ni dejar que te cuente un cuento... luego te hace daño cuando ya le estorbas... - Ven... te voy a contar un cuento de hadas... qué Linda no quiere escuchar porque tiene miedo por las noches... ¿quieres saber cuántas hay?... - Sí..., pero la dijo sola... y no quiero que esté sola..., pues yo estoy sola siempre...y no me gusta... si no es mi abuela mamá... no estoy con nadie...pues mamá tiene que trabajar y cuidar de papá... pues vine del agua... cansado... y me lleva de paseo a muchos lados..., y me trae muchas cosas bonitas... El niño no dijo nada, pero observó cada movimiento de la niña, viendo que ésta se escondía a la mirada penetrante de un chico mayor que ella. Nerviosa ocultaba sus coloretes dentro de las flores que comenzaba a olfatear. Quería darle un beso en la mejilla, como le daba a muchos chicos que conocía a través de sus primos, pero éste la observaba de una forma que la obligaba a quedarse sentada o alejada de este. - Puedes irte con él, si quieres... mis amigas vienen ahora... no me importa... - Vamos venga, antes de que Linda te deje sola también como todos...este cuento que te voy a contar es muy guay... habla de hadas que existen en el bosque... que cuidan a los animales y todo... “Todos los días visitaba a mis primos y de vez en cuando saludaba a Linda... hasta que mi abuela se puso mala de las cataratas... mamá no podía quedar conmigo... papá estaba en un barco camino de Angola y el abuelo era muy brusco conmigo... no quería ni verme delante..., pues no me soportaba... y tuve que quedarme unos cuantos días en casa de Linda y Sergio a dormir, comer y demás cosas que hacía en mi casa... tenía cinco años y un miedo horrible a estar al lado de un chico que ignoraba que en su casa dormía una niña seis años menor... pues actuaba como si no existiese nadie..pues las peleas eran seguido…los enfrentamientos con sus padres lo de todas las noches y los lloros de Linda a todas horas…ya había pasado el tiempo de charlar con su hermana; Melinda tenía siete años y disfrutaba durmiendo conmigo... pero estar con sus amigas era más importante que juega conmigo…y me refugiaba en los libros... pues había aprendido a leer recientemente y me gustaban todos los textos….pero me parecían poca cosa…en esos días echaba de menos el estar con mis primos jugando a todos las travesuras de chicos…” comentaba para sí una chica de ojos brillantes, mirada firme y cuerpo atlético; con su delicada melena cortada en forma recta recordaba viéndose en el espejo cuanto había cambiado al releer el primer diario de cuando era niña, en su nueva casa a lo alto de la ciudad que la vio nacer, crecer y con pena alejarse con lágrimas en los ojos en busca de un buen futuro lejos de los árboles que le enseñaban el futuro merecido. - Hola Meli... parece que te gusta leer... y Linda? - Está con sus amigas jugando... -¿Me dejas ver el libro?... - No es muy guay... lo leí cinco veces... la profe dice que no puedo leer libros grandes porque no los entiendo..., pero los libros de la biblioteca para mí ya los he leído muchas veces... y me aburren... - Y eso de leer... - Me gusta cuándo no estoy jugando con mis primos para que mamá o papá o el abuelo o la abuela no se enfaden conmigo... por qué no quieren jugar conmigo... no pueden jugar...son mayores... y estoy sola... me ayuda a divertirme... ya no quiero que me lean libros... traje todos los que había en la biblioteca el año pasado y aburrí a mamá y a la abuela todas las noches... - Vaya...a mí me gusta leer también... aprendes muchas cosas de los libros... - ¿Por qué a Linda no le gusta?... - Porque Linda es más de jugar que de leer...-dijo este sin sabe que decirle. -...Mira... tengo un libro que seguro que te gusta mucho...se lo regalé a Linda, pero no le gusta..., es de muchos dibujos y pocas letras..., pero veo que eres muy inteligente... - dijo saliendo hacia la habitación de su hermana seguida de una niña curiosa que quería saber dónde se encontraban todos los libros que nadie le dejaba leer. Fisgona como un gato se acomodó en la puerta y vio la forma de guardar los libros Sergio, este se giró y vio con una sonrisa a Meli; cada día estaba más a gusto con ella, con mirada seria le extendió el libro y le hizo una carantoña en la mejilla, como cuando era un bebé, para después irse sin prestar atención a nada, Melinda observaba como había dejado todo contando los libros y tras leer los títulos, saber dónde tendría que colocar el libro que le había dado Sergio y abrirlo por la prima página sin entender nada de lo que estaban narrando en el mismo. Esa había sido la primera vez que Melinda leía un libro de muchas letras y pocos dibujos como estaba acostumbrada a leer en clase, aunque los que le gustaban solo tenían letras. Al principio solamente observaba los dibujos y por los mismos sacaba la historia. Pero después entendía que las letras hablaban de los dibujos. “No recuerdo mucho de cómo era de aquella edad... sólo me acuerdo de cosas puntuales al ver como mis hijos crecían y pasaban los años como un coche se presenta delante de tí y se va sin poder pararlo... pero Sergio siempre estaba conmigo atento a lo que hacía... pendiente de lo que forjaba... descubriendo que como él sabía colocar las cosas en su sitio... tardé mucho tiempo en leer un raso libro de pocas letras que a los dos años siguientes me parecían demasiado interesantes y sencillos de leer... lo que sí hacía era recordar lo leído... contarlo al viento y prepararme un jugo nuevo para mí sola...” hablaba para sí viendo por la ventana y anotando algo más en sus hojas misteriosas. Durante muchos días con sus meses Melinda se trasformaba en una jovencita distinta a todas las que convivían con ella en el colegio, demostrando a todos los profesores que era muy inteligente y debería trabajar más que sus compañeros. En clase atendía al profesor y se comportaba como la mejor niña que hubiese sobre la tierra, pero en el recreo no tenía contacto con ninguno de sus compañeros, al principio estaba contenta, pero luego la soledad la molestaba, pero era tan tarde para buscar nuevos amigos que llama la atención en el aula era la forma de que se arrimasen a ella, estudiaba a sus compañeros y actuaba como ellos, consiguiendo que sus mejores amigos fusen sus compinches en clase, se enfrentaba a estos, los imitaba y si uno daba una patada ella respondía con otra, haciendo que estos se decidiesen a acompañarla y ser su amiga en los años siguientes. Jugaba al futbol, lo había aprendido de sus primos con los que se reaccionaba fuera de clase; todas las tardes se refugiaba en su casa por que no entendía a sus padres o no estaba contenta con su abuelo, suspiraba todos los días por el final de las clases para hacer una nueva aventura en casa de sus primos, no paraba en casa, era comer y salir por la portal a cabalga dientes por una bronca de su abuelo, y eso le molestaba a su madre, mas encantada con que estuviese distraída no decía nada. Consiguiendo así un nuevo lugar de diversión y olvidarse durante mucho tiempo de su mejor amiga. Leía al salir del colegio mientras esperaba a que su abuela viniese de casa de su amiga o su madre tardaba demasiado en venir a buscarla; escogía las tardes de actividades extraescolares para leer durante un buen tiempo sin interesar otra cosa que aprender cosas de los libros; algunos los lía de un día para otro y otros se los llevaba para casa. Como todas sus compañeras al principio del curso, se adentraba en el mundo de las actividades, pero a diferencia de ellas en dos días se aburría de jugar y dedicaba su tiempo a la biblioteca. Nadie sabía que hacía, su madre estaba bastante interesada en que no estuviese en casa y a veces la llevaba a casa de su suegra y allí llegada la noche la iba a buscar; cada día tenía más trabajo y menos tiempo para estar con su hija y su madre estaba envejeciendo demasiado rápido, ya le dolían los huesos y dedicaba menos tiempo a cultivar el campo haciendo que su hija se adentrase en el mismo soportando a su padre e intentar llegar a casa para descansar cuanto más tiempo mejor. Melinda se molestaba cada vez que tenía que quedarse en casa de su aburrida abuela intentando hacerse amiga de las vecinas y poder divertirse tan buen como en casa de sus primos. No era muy dada a las amistadas, ninguna conocida le gustaba como amiga, y le costaba demasiado hacerlas. - ¿Por qué tengo que ir a casa de la abuela Nieves?... es aburrida... no me deja hacer nada... - Meli... tengo que trabajar en el campo con el abuelo... la abuela no está tan fuerte como antes... - Y por qué tengo que ir a casa de la abuela Nieves, en vez de estar con la abuelita Carmen? - Porque la abuelita nos ayuda en lo que puede...si no lo hacemos no tienes ni qué comer... - Pero papá trae pescado... - Pero también hay que comer de lo que se cultiva, que es lo mejor... - Pero papá también trae dinero... - Pero el dinero es para comprar una casita... - Yo estoy bien en casita de la abuelita... si el abuelo no está... es muy malo... - La mala eres tú... que no paras en todo el día y si algo te dicen te molestas... venga, sé buena... ya tienes siete años...y si tienes que estar con la abuela de aquí... tienes que hacerlo... - Pero quiero jugar con los primos... - Para el viernes te vienes para casa todo el día y juegas con ellos... - Vale..., pero no quiero estar en casa de la abuela de aquí... no me gusta... no tiene sitio para jugar... ni nada... - Sí, lo que pasa es que no te llega... venga... sé buena... y el sábado vamos a dar un paseo... lejos... Así con mirada de enfado cogía de la mano de su madre y se despedía de ella en la puerta del colegio antes de entrar por la tarde. Luego a la salida la esperaba la abuela que encantada cogía los libros de esta que siempre se llevaba para casa Melinda le sonreía mordiéndose la lengua por dentro deseando que algo malo ocurriese para no ir a casa de su abuela Nieves. Una vez allí merendaba fuertemente y se escondía en el sofá de piel de la casa de su abuela para ver los dibujos y posteriormente leerse un poco del libro y al final del día recordar lo que había visto en la tele y disfrutar de su jugo preferido, imitar lo visto durante todo el día.


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