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  fantasia > Fantasia GeneralLa jaula de oro (capitulo 1)

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se publicó en la web el 01 de Agosto del 2008

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  Categoría: fantasia > Fantasia General
  Titulo:

La jaula de oro EL EXTRAÑO -¡Hasta el lunes! Llámame si puedes. Y felicidades otra vez.- Me gritó la voz de Miriam entre la multitud. Yo solo asentí. Por fin se había acabado la semana. ¡Otro día menos de tortura! Jorge me dio una palmada en la espalda al pasar y me dedicó una amplia y cordial sonrisa. -¡Felicidades Ari! Hoy cumples 16. ¿Verdad?- Yo también le sonreí aunque un poco más reservadamente. -Sí. Gracias por acordarte.- Miré la pulsera que me había regalado Miriam. Le había costado mucho hacerla (o eso me había dicho). Jorge era un chico muy popular en el colegio y todas mis amigas opinaban que era muy afortunada de que hablara conmigo. Miriam incluso insinuaba que el muchacho me miraba siempre de reojo en clase y que estaba coladito por mí (teoría que me parecía muy improbable). De cualquier manera, a mí no me atraía nada más que su físico. No se podía negar que sus ojos castaños deslumbraran solo con mirarlos y que fuera bastante amable y divertido. Suspiré y salí por la puerta del instituto. Iba tan distraída que casi atropellé a un niño de primero… -¡Corre! ¡Se va el autobús!- Me advirtió Joe, un chico nuevo que había venido directo de Florida. Era de madre mexicana y padre estadounidense. Habíamos hecho buenas migas enseguida y, según mi opinión, se trataba de un muchacho muy agradable y gracioso. Al comprobar que Joe no se equivocaba y que efectivamente el autobús ya se encontraba en la parada del otro lado de la calle, eché a correr como una loca. Al cruzar la calle un coche me pitó, y otro conductor me gritó que si era imbécil. Me limité a hacer un gesto de disculpa. No tenía tiempo para chorradas. Justo cuando el bus público estaba a punto de salir conseguí que el conductor, que ya me conocía, me viera y abriera las puertas meneando la cabeza con una sonrisa en la cara. -¡Tu siempre igual, eh!- Yo, aun jadeando, negué y repliqué: -No es verdad. Es la primera vez esta semana.- Como bien sabía, eso no era cierto, así que ambos nos reímos. Pagué con mi abono escolar y busqué sin éxito algún sitio libre. Lara, una compañera de biología se ofreció a sostener mi mochila pero yo, agradeciéndole mucho el gesto, no accedí. Conecté mi MP3 y lo puse a todo volumen, ya que el bullicio no me dejaba escuchar con claridad lo que estaban cantando. Hoy era mi cumpleaños, pero a mí me parecía un día como cualquier otro. Muchos me habían felicitado y algunos (como Miriam) me habían regalado un detalle. Observé al chico que estaba a mi lado. Iba a un curso o dos más avanzado que yo, pero no sabía cómo se llamaba. Me fijé en sus zapatos amarillos chillón y contuve una sonrisa. El autobús recorrió casi toda la Diagonal. Justo delante de l’Illa me bajé. Solo tenía que andar unos 5 minutos hasta casa desde allí. Me dio la sensación de que alguien me estaba mirando, pero seguramente solo era fruto del cansancio. Ese día el sol brillaba con todo su esplendor y no se divisaba ni una sola nube en el firmamento. ¡Me apetecía tanto tumbarme en la playa…! Cuando llegué al número 36 de la calle Joan Gamper saqué mis llaves del bolsillo. Ya sabía lo que me esperaba en casa y no me apetecía en absoluto. Justo antes de abrir la puerta me recorrió un escalofrío. Tenía la sensación que alguien me estaba observando. Otra vez esa mirada. Últimamente me estaba ocurriendo con demasiada frecuencia. Subí la escalera hasta el primer piso. La puerta se abrió con un chirrido. ¡Me lo imaginaba! Nada más entrar me recibieron tres botellas de cerveza y una de whisky. Las recogí algo resignada. ¿Qué más sorpresas me encontraría en el piso? Miré con reparo en el lavabo e hice un gran esfuerzo por no sacar hasta la última papilla. Papá no había tirado de la cadena y además de orina por todas partes había colillas de vete a saber qué. Eso también habría que limpiarlo. Salí del servicio y me dirigí al comedor tratando de no imaginar cómo me encontraría el sofá Para mi sorpresa no había más que media docena de botellas de cerveza y un cenicero lleno hasta arriba de colillas de porros. -Muy bien Papá, te has superado.- Pensé con ironía. Repasé con la mirada la habitación y me di cuenta de que había algo más en desorden. Cuando fui a recoger el retrato de mi madre del suelo me dio un vuelco el corazón. El marco desde dónde una mujer rubia de ojos verdes, con un vestido blanco que terminaba algo encima de las rodillas me sonreía, se había roto. El cristal estaba hecho añicos. Observé a mi madre de nuevo. Se podía ver el comienzo de su marca de nacimiento en forma de estrella (una peculiaridad que yo había heredado además de su pelo y sus ojos) en el muslo. En el retrato no contaba los 25 años y lucía una enorme barriga de embarazada. Esa foto se la habían tomado poco antes de mi nacimiento, o sea poco antes de su muerte. Hacía hoy 16 años exactamente… Pensé que era una mujer muy bella. ¿Cómo habría acabado con un desecho humano como mi padre? Según él todo había acabado con ella. Siempre me había tirado la culpa a mí de que ella no estuviera aquí. En algunas ocasiones incluso había llegado a afirmar que hubiera preferido que hubiera muerto yo. Eso me lo demostraba cada día de mi vida. Cuando se emborrachaba y drogaba, cuando me pegaba… ¿Y que decía yo cuando Miriam me preguntaba porque tenía el ojo morado? ¡Que me habían pegado una patada en karate! ¡Ni siquiera hacía karate! Pero ya hacía mucho tiempo que había aprendido a vivir con ello. Además, ahora me pegaba mucho menos que en mi infancia, cuando el trauma aun era reciente. Últimamente me encerraba en mi habitación cuando bebía, de esa manera no podía hacerme daño. Al principio lloraba mucho. Ahora mi padre solo me daba asco. Solo limpiaba porque no me veía capaz de vivir en tal pocilga. No tardé más de media hora en limpiar toda la porquería de la casa, ya que ya había adquirido bastante práctica. Cuando terminé mi trabajo diario de limpiar la mierda de mi padre para no ser enterrada bajo tanta mugre, me metí en la habitación y cerré con llave. Esa noche no iba a cenar, ya que los viernes mi padre llegaba antes y yo prefería que mi único familiar estuviera cerca de olvidar mi presencia. Me tumbé en la cama y observé de nuevo la pulsera azul (igual de azul que mi pared) que colgaba de mi muñeca derecha. Me fijé exactamente en cada una de las piedrecitas. Tres de ellas formaban las iniciales: A y M. Miriam era mi mejor amiga de siempre, nunca podía resistirme a sus chistes y dulces abrazos cuando me veía algo acongojada. Su debilidad a mi pesar era el chismorreo. No se le podía contarle ningún cotilleo si no querías que se enterara a la vez todo el curso. Canturreé por lo bajo el cumpleaños feliz. Mi padre no se debía de acordar de qué día era hoy. Aunque lo supiera no me felicitaría. Para él fue el peor día de su vida. Mi madre era lo único que él tenía (a mí solo me consideraba un estorbo). Oí como la puerta se abría. Me estremecí, pero preferí ignorar que mi padre había llegado. Puse el Cd de Fall Out Boy que me había regalado Celia y que tanto había esperado escuchar. Me encantaba ese grupo. Era mi preferido. Sonriente empecé a tararear la primera canción mientras miraba el único poster del cuarto. Ya era casi del todo oscuro. El viento agitaba las hojas de los arboles afuera. Otra vez esa sensación. Tenía que tomar un poco de aire fresco, debía de estar algo atontada. Abrí la ventana de par en par e inspiré el aire fresco (todo lo fresco que puede estar en medio de Barcelona). Un gato estaba maullando al otro lado de la calle. Mi padre había encendido la tele, que yo podía oír a la perfección, todo y tener la puerta cerrada y la música sonando. Nunca había rehecho su vida. Vivía enterrado en su pena y angustia. De nuevo esa mirada. ¡Me estaba volviendo loca! Seguí canturreando y me acerqué al pequeño armario. Tenía sueño y solo quería tumbarme en la cama a dormir. Busqué mi pijama. Una ráfaga de viento inesperada me hizo temblar de arriba abajo, Decidí no darle demasiada importancia, aunque mi instinto me decía que algo raro me estaba pasando. Estaba sacándome la camiseta cuando noté que el corazón me dejaba de bombear al escuchar una voz en tono de chulo detrás de mí que me interrumpió. -Veo que eres de las que va al grano.- Me giré y me propuse a gritar pero alguien me tapo la boca. No había nadie más en la habitación (excepto el que me había impedido gritar). ¿Cómo se había movido tan rápido? ¿Era un extraterrestre? Ahora la misma voz me susurró al oído mucho más dulcemente: -No te asustes, no te haré daño. Si me prometes que no gritaras te suelto.- Yo asentí sin dudarlo. La voz masculina parecía joven, no mucho mayor que yo. Igualmente me estaba muriendo de miedo y por una vez deseé haber tomado clases de karate de verdad. El extraño olía bien. No sé porque pensé en eso pero era así. El intruso me soltó. Y en el instante en el que me iba a girar para pegarle un puñetazo en sus partes más intimas, se plantó delante de mí, como por arte de magia. Se trataba, como yo ya había imaginado, de un muchacho joven, quizás un poco mayor que yo. Lo primero que me llamó la atención fue que llevaba la cara tapada con un pañuelo negro. Lo segundo que destacaba de él eran sus ojos azules. Eran de un azul tan intenso que se me antojaba imposible apartar la vista de ellos. Llevaba una gorra negra y por debajo asomaba un mechón de su pelo color azabache. Toda la ropa era oscura: su sudadera, sus pantalones, las deportivas… Sin duda me pasaba bastante en cuanto a estatura. Yo, que estaba paralizada de terror, conseguí que mi voz sonase firme y segura. -No sé cómo has hecho eso pero vete. No tengo nada de valor.- El muchacho dejó escapar una risita burlona. -No he venido a robarte, Ariana.- Cuando pronunció mi nombre sentí como si toda la sangre de mi cuerpo se helara. ¿Cómo sabía ese individuo como me llamaba? ¿Si no quería robarme, qué es lo que había venido a hacer? -¿Entonces qué es lo qué quieres?- Intenté controlarme y no salir corriendo o abalanzarme sobre él y tirarle por la ventana. El muchacho empezó a caminar (casi se deslizaba por el suelo) acercándose a mí. Yo me alejaba un paso con cada uno que daba el extraño. -Verás, te voy a contar una historia, un cuento --como a los niños pequeños- pero un cuento tan real como que estás tiritando de miedo.- Se estaba riendo de mí. ¿Cómo no iba a tener miedo? Él prosiguió. - Hace tiempo, en un mundo lejano donde la gente no envejecía a partir de los 50 y donde las estrellas brillaban día y noche, había un rey al que casaron con la hija de un conde. El rey siempre la había amado, pero la muchacha no parecía corresponderle. Todo y así (ya que era casi una obligación) concibieron un hijo. Mientras tanto, la reina se veía en secreto con uno de los ayudantes del rey. Tenían un romance desde hacía tiempo. Se encontraban en los rincones más escondidos del jardín y se besaban y abrazaban sin llegar nunca a más, ya que la reina creía que así no traicionaría a todo su pueblo y a su marido. Pero el ayudante no se quería conformar con solo besarla. Deseaba poseerla. Y claro, no le hizo ninguna gracia que su amante se quedara encinta del monarca. Así que le propuso a la reina escaparse con él a un mundo donde no había ataduras, donde serían libres para siempre. El hombre insistió mucho. Y la reina decidió que no deseaba una vida como la suya para la criatura que llevaba en el vientre (una vida de lujos, de gente que la respetaba y pero una vida de poca libertad e intimidad). La noche que desapareció la reina, le dejó una carta a su reciente esposo, explicándole que no le podía amar, que nunca le había amado y que se marchaba, para siempre. El rey lloró durante mucho tiempo y se sumió en una depresión profunda. No volvió a saber nada de la reina hasta unos meses después cuando llegó un mensaje donde el amante le explicaba apenado la muerte de la reina en el parto. – El muchacho hizo una pausa corta. Esa reina había muerto como mi madre… ¿Pero porque me contaba ese cuento el extraño? ¿Qué sentido tenía? -Nunca se supo a donde habían huido, así que no hubo más remedio que dejar a la criatura en manos del ayudante. Aun así el rey mando a buscar a su hija por todos los mundos y todos los reinos de los que sabía existencia. Hasta que 14 años más tarde se encontró en uno de los 4 mundos paralelos a una chica. Esa chica era clavada a la reina. El ayudante que la descubrió volvió al palacio e informó al monarca de la noticia. Pero antes de devolver a la princesa a casa había que asegurarse de que era ella. Estuvieron dos años enteros vigilándola. De eso se encargó un joven ayudante del rey que fue reclutado y entrenado solo para servirla a ella, para espiarla y asegurarse de que se trataba de la hija del rey. Y efectivamente, era la buscada princesa. El pueblo esperaba el regreso de su futura reina con ansia. Pero lo que descubrió el ayudante causó horror a todos. La pobre hija del rey era tratada como una criada, maltratada y nada querida por el antiguo amante de la reina.- ¿Era otra coincidencia? ¿O era imaginación mía? -Ya era momento de ir a buscar a la princesa, que había crecido en profunda ignorancia y que nunca había oído hablar de su verdadero mundo, el reino del cielo, un mundo paralelo a la tierra (donde ella había crecido) junto con el reino del fuego y el reino de las profundas aguas donde habitan los enemigos y rivales del reino del cielo, los aquatientes- El muchacho parecía haber acabado. Así que repuse. -Es un cuento muy bonito pero no sé qué tiene que ver conmigo y qué es lo que haces tú aquí en medio de la noche. Seguramente me habrás espiado, ya que sabes cómo me llamo. Desaparece. No sé cómo lo haces, pero quiero que desaparezcas como has venido si no quieres que llame a la policía.- Sentí un gran alivio cuando por un momento el intruso desapareció pero no duró mucho ya que volvió a aparecer a unos centímetros de mi, hecho que casi me tumba al suelo. -¿Llamarás a la policía con qué?- Preguntó con mi teléfono móvil en la mano. Pude adivinar una sonrisa debajo del pañuelo. -¿Quién eres? ¿De dónde vienes? Y por última vez ¿Qué coño es lo que quieres de mí?- Tuve que esforzarme mucho para que no me temblara la voz pero según mi parecer lo conseguí. -Aun no lo entiendes ¿verdad, Ariana? Yo soy el ayudante y tú eres nuestra princesa. Tu madre era nuestra reina. Y por fin te hemos encontrado. Después de 16 años volverás a tu hogar, donde tu padre, que ha vivido solo tanto tiempo, te espera ansioso. Debes gobernarnos tú.- Reí a carcajadas, ¡No me lo podía creer! -Mira debo de estar soñando o algo parecido, o eso o tú estas más loco que una cabra.- El muchacho no parecía sorprendido de mi reacción. -¿Y cómo te explicas el símbolo de mi mundo en tu muslo derecho, igual que tu madre?- Esas palabras me volvieron de piedra. -¿Cómo sabes tú…?- Él no me dejó terminar la oración. -¿Y si es un sueño como es que sientes esto?- Y al mismo tiempo que acababa de hablar desapareció y, en menos que se tarda en pestañar, me tenía entre sus brazos. Si no fuera porque llevaba ese pañuelo que le tapaba la cara hubiera podido notar su aliento. -Suéltame.- El muchacho me acarició la mejilla y me susurró a la oreja: -Esto no es un sueño. Y no estoy loco. Tu padre el rey tiene la misma marca que tú, solo que está situado en el antebrazo, que es donde lo tienen los hombres. Esta marca en forma de estrella que tienes en el muslo solo la posee la dinastía real. Si sigues creyendo que estoy como una cabra, te demostraré algo.- El chico hizo un silbido y esperó. Entonces me tomó de la mano con delicadeza pero yo me solté. Le seguí igualmente. No creía que me fuera a hacer daño. Me daba la impresión de que simplemente estaba loco. De repente otra ráfaga de viento entró por mi ventana. Y para mi sorpresa y horror lo que vi me hizo comprender que ese muchacho no era un chalado y que no me estaba mintiendo, había algo que no era de este mundo allí fuera. -continuara-


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