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  ficcion > Narrativa LibreFelices para siempre

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se publicó en la web el 23 de Enero del 2009

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  Categoría: ficcion > Narrativa Libre
  Titulo:

- Es curioso. Blancanieves, Rapunzel, La Bella Durmiente, Cenicienta…Nombres extraños para princesas protagonistas de cuentos de hadas, todas bellísimas y…todas con una vida de mierda hasta que conocen a un tío, y cuando lo consiguen, terminan la historia, siempre diciendo: “Y fueron felices para siempre…” ¿Por qué no nos dejan saber nada más? Quiero decir, ¿Y si yo quiero saber si blancanieves volvió a comer manzana, o si Rapunzel se cortó el pelo, o si la bella durmiente terminó esnifando coca para no volver a dormir? En la vida real, lo hubiesen hecho, estoy segura de ello. Traumas así no se olvidan por un príncipe, por muy azul, rojo o multicolor que sea. - ¿Pero tú no estabas enamorada? - Claro que estoy enamorada, muy enamorada, pero eso no quiere decir que no pueda seguir con una vida propia, que estar enamorada signifique superar todos mis traumas. La vida da muchas vueltas, y la solución puede estar en los amigos, en la familia, bajo una piedra…y si, tal vez en el enamorado, pero no tiene que estar obligadamente ahí. En nuestro caso, amiga mía, la solución… - ¿Son las drogas? - Sí… Nunca había pensado demasiado en ello. Me meto un pico. Sé que estamos en el 2008, y que esto de la heroína hace alrededor de una década que se extinguió. Supongo que va con las modas, que estas cosas van y vuelven. En los tiempos que corren, heroína significa todas las cosas malas del universo; pero meterse coca, o cristal, o incluso esas asquerosas pastillas que te dejan esquizofrénico en medio de una discoteca, es lo más “guay” del momento…pues menuda mierda. Me considero como un antihéroe de cualquier cómic de acción. La ropa ajustada, los grandes complementos, aparentar más de lo que se es, ir a discotecas para almacenar piropos, o cuerpos al lado de la cama, meterse estimulantes…nada de eso va conmigo. La gente ya ni siquiera vive, van todos tan estresados y preocupados que no miran más allá de sus propias narices, lo que les hace pisar unas cuantas mierdas de vez en cuando (y digo esto en todos los sentidos posibles) De todas formas, éste es mi último chute. Lo dejo. Sin programas de rehabilitación, sin tabaco, sin alcohol…sin previo aviso, simplemente por orgullo, por ovarios…quiero empezar de nuevo. - Adiós, Paula- Sigue retorciéndose del gusto en el suelo. - Hasta mañana Lena. - No…simplemente, adiós- Salgo y cierro la puerta, sin hacer demasiado ruido. En la calle huele a humedad, el cielo está nublado. Llego a casa, mis padres están haciendo la comida. Les doy a los dos un abrazo tan grande que, pienso, vale por todos los que no les he dado, en mi vida. Me miran, entre extrañados y emocionados, y me lo devuelven. - Ese novio tuyo te está cambiando mucho, hija- dice mi madre. - No, no es por mi novio... - Estoy orgulloso de ti - dice mi padre, que parece entender lo que pasa. Después de comer subo a mi habitación. Tengo 21 años, y estoy lista para abandonar todo esto. Echaré de menos a mis padres, pero hay otras cosas a las que no, como la heroína, el tabaco o el alcohol. ¿Fuerza de voluntad? No, no es eso…creo que simplemente he abierto los ojos, y he visto que esto es una mierda, no sólo mi forma de vida, sino la de la mayoría de la gente, así que quiero empezar algo nuevo, al margen de…de todo. Los que no se refugian en su novio o novia se refugian en su familia. Los que no tienen esto, o roban, o matan, o se meten de todo, y francamente estoy harta de formar parte de esto; y aun estando atada a los límites de la propia existencia…creo que he encontrado una grieta por la cual escapar. Y he encontrado el apoyo que me hace falta…lo tenia justo delante de mis narices, todo este tiempo…justo al otro lado del espejo. Suena el teléfono. Antes de cogerlo miro la hora. Son las seis. He debido quedarme dormida. - ¿Diga? - ¡Amor mío!- Es Alberto, mi novio- Hemos de quedar, tengo una sorpresa para ti-Parece más excitado de lo normal. - Claro, claro…-digo yo sin mucho entusiasmo. - ¿Qué te parece a las nueve? - Perfecto. Nos vemos. - Te quie... Le cuelgo, antes de que termine la frase. Alberto es una persona especial, si no, no estaría con él, pero…Me han engañando tantas veces que le he cogido manía al “Te quiero”. ¿Por qué está tan vacío? Hoy en día, incluso antes de estar saliendo un mes con una persona, ya se tiene en los labios estas palabras. Han perdido significado, y no sólo para mí, sino para todo el mundo. ¿Qué pasará cuando de verdad caigamos enamorados? Llevo un año con mi novio, y la verdad es ahora cuando creo que empiezo a sentir algo serio por él. Y aún así, no puedo evitar tener cuidado con lo que digo, lo que hago…Todas las personas tenemos una doble personalidad, y querer a alguien significa conocer las personalidades de tu pareja…y las tuyas propias. Quedamos en un restaurante del Barrio del Carmen, bastante cerca de la plaza del Tossal. Al llegar me da un beso apasionado. Nos sentamos. La verdad es que el sitio es bastante elegante, y caro. - ¿Es ésta tu sorpresa? - digo, la verdad, sorprendida. Nunca habíamos venido a un sitio así. - Es sólo... una parte de ella. - Vaya, creo que esto empieza a ponerse interesante…-sonrío y le cojo la mano. Esta noche parece cambiado. No debería ser tan estúpida con él, aunque no lo hago adrede, es el puto mono que me consume… - Nena, ¿sabes que ya llevamos algo más de un año juntos, verdad? - Lo tengo muy en cuenta. - Y que te has convertido en una persona muy importante en mi vida. - Y tú de la mía. - Estar junto a ti es una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, poder abrazarte y saber que estás a mi lado en los momentos malos, como en los momentos buenos... - Alberto…-Le corto. Lo miro como nunca antes lo había hecho, definitivamente, hay algo que ha cambiado en él. Terminamos de cenar. Él ha venido en coche, así que subimos, pero me venda los ojos. Alrededor de media hora después llegamos a nuestro destino. Bajo del coche, todavía con los ojos vendados y subimos a un edificio. Cuando abre la puerta de un piso, me quita la venda. - Bienvenida a nuestra casa. - ¿Cómo?-Me quedo paralizada. - Te necesito junto a mí, siempre. Quiero compartirlo todo contigo. Vente a vivir conmigo. - Es…-No puedo articular palabra. Hace apenas unas horas deseaba irme sola, alejarme de todo esto, dejarlo todo…pero parece haberse abierto una puerta antes de llegar a mi destin... a la mierda, me arriesgo- Te quiero. - ¿Perdona?-Ahora es él quien se paraliza. - No pienso repetirlo-Nos reímos a carcajadas. Casi diría que se me escapa una lágrima. ¿Podría ser que…al fin, puedo mirar a alguien a los ojos, y abrirme incluso desde la debilidad? El beso que nos damos parece durar minutos, horas, días... Un Mes Después Cada vez que vuelvo a casa por algo, mi madre me hace quedarme a comer. Me echa tanto de menos…no es que yo no la eche de menos; al contrario, lo necesito, echarla de menos, quiero decir. A veces, estar tanto tiempo con una persona conviviendo te hace olvidar el porqué de la propia convivencia, y no es hasta que añoras esas situaciones cuando te das cuenta que de verdad les quieres. En fin, hoy sólo volvía a por un par de libros. Y por mi minicadena. Llego a casa por la tarde. Alberto sigue trabajando. Yo trabajo de seis a tres, en un bar del polígono industrial. A Alberto le toca trabajar por la tarde, así que realmente estamos juntos por las noches y los fines de semana. Pongo un par de lavadoras, para hacer tiempo. A las diez aparece Alberto. - Hola nena - Hola… - ¿Y la cena? - No tengo hambre. - Vale, pero yo sí. - Pues háztela tú mismo, hay pizza en el congelador, y queda ensalada de ayer - ¿Por qué no me la preparas tú? - Porque ya la preparé anoche, y ya te dejé la comida hecha para hoy. - Mira, niñata- Me coge de las muñecas y me levanta del sofá, de una forma muy violenta- vas a hacerme la cena, quieras, o no. Dudo por un momento, ¿Qué le pasa? Nunca lo había visto actuar así... da miedo... - Sí, claro, pero suéltame… - ¿Quién te crees que soy yo, para no obedecerme? Un momento... ¿es ésta quien realmente soy yo? ¿Una especie de dulce y violenta urgencia? No me reconozco. Mientras ando hacia la cocina tomo una decisión. Me paro en seco, mientras él me observa, desde el pasillo. Puede que sea una tontería…o no, pero yo no voy a permitir que nadie me trate así. Y sí, es la primera señal, pero me da igual, no pienso perdonárselo, ni sentir compasión por él: La persona a la que yo quería, y a la que me había costado tanto tiempo amar, se ha esfumado, y sólo queda un hijo de puta que se cree superior que yo. Está claro: El príncipe azul, tarde o temprano, destiñe. - Mira...puto baboso. Trágate las palabras, y los gestos. Este numerito te acaba de costar algo: A mí. - ¿Pero que estás diciendo? - Adiós, Alberto - cojo las llaves, paso por delante de él y abro la puerta de la calle. Él la cierra, bruscamente, de hecho, casi me corta la mano con la puerta. - Tú no te vas a ir. A mí no se me abandona, a mí no se me deja. ¡Eres una puta yonki!-Me dice, gritando. Me da una bofetada, en la cara. - Sí, soy una puta yonki- Le digo, con la voz baja, casi susurrando, mirándole fijamente a los ojos, sin pestañear- Pero tú…tú no eres mejor que yo, eres una mierda de persona, y acabas de perder a la única que te quería. ¡Felicidades!, morirás solo y viejo, ahogándote en tu propio meado y comiéndote tu propia mierda, con suerte te encontrarán aún vivo, cuando se den cuenta de tus gritos, los cuales darás cuando las ratas empiecen a comerte aún con vida... Vuelve a levantarme la mano. Cojo la lámpara de lava del recibidor y se la parto en la cabeza. Se desmaya. Antes de irme, cojo algo de ropa, que tiro en una bolsa de deporte, y cojo todo el dinero en efectivo que hay en la casa, incluyendo el de su billetera. Cojo sus tarjetas de crédito, y las mías. Al salir a la calle me dirijo al cajero más cercano y cojo todo el dinero que me es posible sacar de sus tarjetas (gracias a dios que me sé su número secreto, pues me hacía ir a pagar sus recibos). No puedo más. Toco al timbre de casa de Paula. Son las doce de la noche, de un jueves. - ¿Sí? -Dice Paula, con voz ronca y pausada. - Soy Lena, ábreme por favor. - Claro, claro... Subo a su piso. Perfecto, se estaba preparando un pico. Necesito uno. - No sabes lo que me ha pasado, tía- le digo. - Dime. - Acabo de dejar a Alberto inconsciente en casa, casi me da una paliza. - Así que se la has terminado dando tú, ¿no? - Pues sí. - Eres una diosa. - Lo sé. Nos reímos las dos. Tengo un cinturón en el brazo, se me notan las venas, y Paula me pasa una jeringuilla. Miro la situación. Paula es mi mejor amiga. Me arriesgaría a decir que la única. Paula, por su parte, conocía a muchas personas, pero la mayoría ya habían muerto, por sobredosis. Su aspecto es insano, y yo diría que su única amiga era la “Dama Blanca”, como la llama ella. Me quito el cinturón del brazo. - ¿Qué haces?-Me dice Paula. - Lo siento, no quiero. - ¿No quieres? - Sabes. Hay una parte de mí que sí quiere, que lo necesita, que ansía, que mataría a esta otra parte que opina que prefiere que le mate el tiempo y las experiencias antes que una jeringuilla. - ¡Venga ya! ¿Me ves muerta, acaso? Me levanto. En mis sentimientos hay una mezcla de tristeza y decepción. Cojo mis cosas y abro la puerta. Antes de irme, alzo la mirada del suelo para mirarle fijamente a sus ojos sorprendidos y le digo: - Sí, desde hace tiempo, sólo que tu no lo sabes. Estoy realmente…desilusionada, aterrorizada, confusa. Es la una de la mañana, estoy llorando y no sé que hago aquí con frío. Aún faltan seis horas hasta empezar el trabajo, pero sé que el bar donde trabajo no cierra en toda la noche, y me apetece un café, más que nunca. Entro. Raquel, la camarera de los turnos de noche entre semana, se queda mirándome, extrañada. - Elena, ¿Qué haces aquí? - Es que llevo un día bastante malo, necesitaba despejarme... - ¿Seis horas antes de entrar a trabajar, y en tu mismo lugar de trabajo? - Sí, qué le vamos a hacer, soy así de rara. - Está bien… ¿Vas a querer algo? - Obviamente - odio ese tipo de preguntas tontas a lasque sólo le siguen respuestas idiotas-Ponme un café solo doble, con... - Mucha sacarina - me corta. - Exacto. Estoy sentada en la barra, y veo como empieza a encender la máquina de café. En el bar apenas hay dos hombres, que remueven sus cafés mientras hablan de hazañas en la carretera. Raquel me sirve el café y se va a limpiar un par de mesas. Mientras tomo los primeros sorbos de café, disfrutando de su olor, su alta temperatura y su fuerte sabor, entra un tercer hombre al bar, que se sienta relativamente cerca de mí, en la barra. - Raquel, guapa, por favor ponme un carajillo. - ¡Manu!-Dice Raquel, encantada, dándole dos besos-Pero ¡Cuento tiempo sin verte! - Ya sabes cómo soy…nunca estoy quieto en ningún lugar. - Eso es lo que más me gusta de ti-Le dedica una sonrisa pícara, deben de haber tenido algo, seguro. Sin darles más importancia sigo sintiendo el gusto de tomar un café cómo aquél, sintiendo que su sabor recorre cada parte de mi cuerpo… - ¿Quién eres?-Giro la cabeza. Me está hablando a mí. - ¿Qué importa eso? - Pues, para empezar, es la base de la vida. Para vivir, sólo has de tener claras tres cosas: Quien eres, de dónde vienes y adónde vas. - ¿Por qué me dice esto ahora? - He recorrido el suficiente mundo como para saber cuándo acaba de llorar un ángel; y sé que, de vez en cuando, necesitamos un consejo de cualquier desconocido para poder entender que nada en el universo tiene sentido. - Esas palabras tampoco lo tienen-Le digo. Éste hombre está lleno de extrañeza y misterio. Demasiado serio para estar loco, y demasiado mayor como para estar bromeando... - Niña... simplemente, tienes que aceptar el sinsentido de tu propia vida. Puede que mis palabras te lleven muy lejos o que te mantengan aquí, o quizá te las tomes a broma. Yo te doy el poder de darles el significado que quieras. Pasa una hora hasta que se va. Me he quedado completamente en trance, mirando a un punto fijo sin pensar nada en particular, esas palabras me han dejado bastante tocada… - ¿Raquel? - Dime - Díle al jefe que no pienso volver a trabajar. Lo dejo. - ¿Qué? - Adiós, Raquel. Para siempre. Salgo del bar, aún no ha amanecido. Raquel sigue llamándome, sin entender nada. En realidad, no hay nada que entender. Si alguna vez haz sentido que tu vida es una mierda, deberías saber que para cambiar sólo has de tirar de la cadena. Se pierden muchas cosas, pero se ganan otras muy importantes, como la dignidad. Como la libertad... Nunca estuve de acuerdo con los cuentos de hadas y no creo que vaya a encontrar a un buen tío, vivir en un castillo o ser feliz para siempre; de hecho, ni siquiera soy una princesa. Soy cada mujer que anda por las calles, con millones de historias que contar; historias que lo único que comparten con los cuentos de hadas es la afirmación de que no hay mejor final que un principio.


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