humor (1094)
    Chistes (398)
    Bromas (29)
    Parodias (203)
    Piropos (67)
    Fabulas (44)
    Citas y Frases (42)
    Sexuales (66)
    Hechos Reales (185)
    Asi soy yo.... (60)
   terror (2721)
    Pesadillas (256)
    Hechos reales (726)
    vampiros (599)
    Terror General (786)
    Espiritismo (125)
    Asesinos en serie (160)
    Teorias (69)
   fantasia (2151)
    Fantasia General (542)
    Romantica (770)
    Epica (233)
    Rol (182)
    Poesia (424)
   pruebas (0)
   criticas (885)
    Deportivas (37)
    Criticas de Cine (145)
    TV y Famosos (77)
    Literatura (49)
    Musica (76)
    Juegos (27)
    Duras (222)
    Generales (252)
   ficcion (1047)
    Ciencia Ficción (194)
    Futuristas (102)
    Snuff (67)
    Ovnis (27)
    Narrativa Libre (661)
 
 Top 5
    Grainstain.:Capítulo ..
    una aventura, la más ..
    La Feria del Diablo
    Martín,el chico más g..
    S. c.A.T. 2
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  fantasia > EpicaEl Arquero

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 27 de Noviembre del 2008

Desde entonces este relato ha sido leido 4,710 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 64 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: fantasia > Epica
  Titulo:

Siglo XIV después de Cristo, a las puertas de un pequeño e insurgente pueblo español aguarda un ejército de unos 200 hombres a la espera de la orden para asaltar la aldea. Entre ellos se encuentra Rodrigo el arquero: Hace frío, todavía no ha salido el sol, espero que esto empiece rápido. Creo que ayer me pase con el vino, siempre me harto de comer y beber antes de la batalla, ya es tradición celebrar mi última noche si es que voy a morir, es como dotarla de límites, me gusta pensar que no se queda inacabada, purifica mi conciencia y me ayuda a asumir la muerte. Incluso esta horrible resaca me hace sentir bien, siento que es el comienzo del final. Esta maldita cota de malla tiene agujeros por todas partes, entra la gélida brisa por ellos igual que entrará la flecha y la espada si me alcanza. Cada vez que corro me salen llagas en las axilas y se me irritan las tetillas. Delante de mí están los caballeros a pie o desmontados, no me agradan, son arrogantes, dicen que nosotros, los arqueros, sólo sabemos corretear y cacarear como las gallinas, cabrones, eso que llevan si que es una armadura, si el sol brilla fuerte es casi imposible distinguirles entre los destellos de luz, me gustaría verlos a ellos con mi mugrienta cota de malla. Caballeros desmontados! como se puede estar desmontado si nunca se ha estado montado, ni siquiera sé porqué les llaman caballeros, ¿donde está su caballo?, ¿por qué no nos llaman a nosotros arqueros desmontados? Una vez vi un batallón de arqueros a caballo, era todo un espectáculo, veían la batalla desde la lejanía, atacarles era inútil, se mantenían firmes, lejos del alcance de las flechas y cuando algún escuadrón de caballería trataba de darles caza, pagaban caro su importunio cayendo a pares bajo las flechas de los montados, era como luchar contra el viento. Treinta livianos moros montados sobre treinta corceles negros españoles. Ese día murieron unos 500 bereberes y ninguno era un arquero montado. Se fueron cabalgando al sol por la misma colina por la que aparecieron, creo que aquella mañana ni un solo morisco mordió el polvo por mis flechas, estaba absorto mirando el halo de misterio y majestuosidad que les envolvía. Me pregunto qué habrá que hacer para ser un arquero a caballo, eso si que es vida. Parece que esto se mueve, ya están meneando el ariete, nadie entre esos sediciosos impide que llegue al portón, no nos han dado orden de disparar, no parece que haya nadie para recibirnos, me gusta disparar algún proyectil antes de entrar al asalto, así caliento un poco la muñeca, y el espíritu, pues en los momentos precedentes a la batalla ando un poco alterado, si me encuentro con el peligro de frente sin haber disparado la primera flecha, corro el riesgo de no acertar ni una, no se puede ser preciso con esta tensión… ni con esta jodida cota de malla. Siempre idéntico ritual, primero la infantería ligera, pobres diablos, son pura y dura carne de cañón, ellos dicen que luchan por la libertad, puede que antes eso fuese cierto, pero ahora la batalla les hace esclavos de nuevo, si libertad es dirigirse a una muerte segura, maldigo la libertad, libertad no significa servir de metralla, para eso están, desorganizan al enemigo, muriendo por decenas para que otros lleguen después y se lleven la gloria. Maldigo la gloria!!, Libertad es mi arco, son mis flechas, es ver la sangre desde la lejanía y tener la oportunidad de huir cuando la batalla está perdida, o incluso antes, por eso soy arquero. Aquí no llegamos a los 200. 100 campesinos y delincuentes armados con palas, rastrillos y demás instrumentos de trabajo, veo a uno con una piedra y parece que está convencido de sus posibilidades… pobres diablos. Unos 40 caballeros desmontados con las botas puestas para no recibir ni una sola herida, 20 caballeros que se han ganado su caballo y que protegen a un sólo general, y otros tantos arqueros entre los que no reconozco ninguna cara amiga. Todo esto es muy extraño, no me parece que 200 haraganes puedan tomar una ciudad entera. Aquí nadie sabe nada. Pregunto al hombre que tengo detrás de mí y no sabe, no contesta. Esto no me gusta, pienso en huir, pero no serviría de nada, me alcanzarían y darían muerte, por desertor. Quizás cuando empiece el tumulto encuentre alguna salida por la que llevar a cabo mi evasión, hasta entonces prefiero no preguntarme más, asumo mi situación y aclaro mi mente. Si muero, no saldré de dudas. El ariete ha alcanzado el portón y todo sigue en silencio, el corazón se me acelera, las piernas me tiemblan, creo que nunca me quitaré esta incómoda sensación antes de entrar en batalla, no tengo miedo a la muerte, tengo miedo a que los nervios me traicionen, tengo miedo a tener miedo. El ariete ha destrozado la entrada y todo sigue en silencio. El general grita, todos palpitan, los 100 muertos vivientes comienzan a correr, un estruendoso pateo y aullidos de muerte les acompañan. La ciudad contesta y de sus cuevas salen hombres armados que acorralan a la infantería. La encarnizada batalla da comienzo. Hasta aquí nada es nuevo, es nuestro turno. “Arqueros”- grita el general. Comenzamos la carrera, nosotros no aullamos, aunque nos gustaría, no podemos, nadie tiene que saber que estamos, Unos están para morir y nosotros sólo servimos con vida, dicen que somos una pieza clave en la estrategia, con nuestras flechas movemos al ejército enemigo en contra de su voluntad y eso es bueno para el bloque. Entramos corriendo y en silencio esquivamos la sangre y la batalla, giramos a la izquierda y seguimos corriendo en busca del lugar adecuado, demasiado pronto empieza a arderme la sobaquera. Una vez comprobadas las posibles salidas en caso de que la cosa se ponga fea, comenzamos la cacería. Tengo todo el cuerpo agitado, la batalla no parece sencilla, las primeras flechas que disparo apenas tienen fuerza y creo que he alcanzado a alguno de los míos, peor para mí, antes vendrán a por nosotros. Mierda! No he disparado ni tres flechas y el ejército enemigo nos descubre, 15 soldados enemigos se despegan de la matanza y se acercan hacia nosotros con todo el cuerpo bañado en sangre, el horror embarga mi fuerza, la última flecha que disparo se parte contra una roca cuatro metros más adelante. El miedo me vuelve a traicionar. Veo de reojo un arbusto, un posible refugio. Como si fuese una liebre huyendo de un carnicero, salto contra el matorral. Creo que he tenido suerte, los 15 enajenados pasan de largo y persiguen a mi batallón. El golpe me demuestra que estoy muy lejos de ser una liebre. Tengo toda la cara y los brazos magullados, la cota malla esta vez sí me libra de sufrir peores lesiones. Herido en batalla por un arbusto, suficiente motivo para echar a correr y no mirar atrás. Me gustaría reflexionar sobre lo ocurrido, pero no puedo, no es momento, ya no importa que suceda aquí dentro, debo huir. Asomo la cabeza y compruebo que sólo una masa de hombres ansiosos por matar me separa del portón por el que he entrado. Saco la daga que llevo en el cinturón, llevo otra en el botín, y corro ansioso esquivando la carnicería, cada vez veo más cerca la salvación, mi instinto me muestra una vía libre de muerte. Estoy llegando a la salida, soy el único que huye, las victimas se convierten en mi escudo. Ya veo el herbazal a través de la apertura. Vuelvo a vivir. Giro a mi derecha, ya estoy fuera, de frente, la caballería se incorpora a la batalla, reconozco al general, su caballo me pasa por encima y de un golpe me introduce de nuevo en la ciudad. Estoy en el suelo, no puedo moverme, me rodean cuerpos inmóviles e inertes, soy uno más, debo estar muerto. Oscuridad, oscuridad, oscuridad, nada.


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios
 



Busca relatos


InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio



siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com

¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.