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  fantasia > Fantasia GeneralDaga roma.

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se publicó en la web el 15 de Abril del 2008

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  Categoría: fantasia > Fantasia General
  Titulo:

Daga roma. Oía el ruido del mar tranquilo golpeando suavemente las rocas. Unas manos le agarraban y le desabrochaban enérgicamente los botones de su chaqueta, le dolía la cabeza a horrores y no se encontraba con fuerzas para abrir los ojos y aún menos para incorporarse. Otras manos le estaban quitando con fuerza sus botas de cuero negro, pasaron unos instantes e intento gritar, de su boca no salio mas que un ruido gutural sacado desde lo mas hondo de su garganta. Sintió como le eran arrebatadas sus pertenencias, y como esas manos se alejaban con sus trofeos haciendo crujir la madera húmeda y carcomida del puerto. Se quedo ahí tendido sobre su espalda desnuda, rato después consiguió entre abrir sus ojos pudiendo ver el cielo estrellado de su ciudad natal, la luna brillaba y no había ninguna nube que la tapara. Le habría gustado quedarse ahí tendido eternamente, pero sabia que aún le quedaban asuntos que zanjar. Intento recordar pero la cabeza lo estaba matando. ”Que frío…” “Unos pasos, son mas pesados que los anteriores.” El ruido se detuvo justo delante de él, jadeante el nuevo ser se apoyó en lo que deducía que seria un bastón “¿Un viejo?” -Eh tu levanta de ahí, esto no es una posada.- Dijo la enigmática figura empujándolo con lo que empezaba a comprender que era el extremo opuesto de una lanza. -Ayúdame…- El guardia se inclino encima de él con lo que pudo ver un rostro ancho y una nariz rojiza por el alcohol. Lo observo unos instantes con ojos críticos y con una mano le agarro el rostro haciendo que moviera la cabeza de un lado a otro.- Estas herido-. A continuación lo intento levantar por las axilas dando como consecuencia que se le cayera encima. Noto que el impacto le había abierto una herida que ya tenía en la cabeza y como un hiló caliente de sangre le descendía por la espalda. El hombre incorporándose nervioso miro a un lado a otro de la calle y se dispuso a alejarse con pasos torpes e intranquilos. -Espera, soy… importante te recompensare…- Mintió alzando una mano hacia esté, la voz se le apago y la oscuridad lo envolvió todo. No existía un cuerpo, no existía nada, ni tampoco había ninguna herida, estaba libre, liviano no sentía ninguna temperatura... De repente, en medio de la oscuridad vislumbro una puerta, era una puerta grande, redonda y echa de oro, intento abrirla pero no pudo. En sus manos aparecieron herramientas y alambres, sin pensárselo, como si se tratara de algo instintivo se sentó delante de está e inspeccionó la puerta y vio una pequeña cerradura que habría jurado que antes no estaba allí. Se dispuso a abrirla, paso el rato y sentía que cada vez estaba mas cerca de lograrlo. De repente, en otro mundo, en un mundo de dolor, en un mundo carnal y de necesidades algo le sujeto la cabeza con fuerza y noto como un frió metal se hundía en su débil carne. Chillidos, ¿serían míos? “¡E de abrirla, ya casi estoy!” El dolor, estaba vivo, intento abrir los ojos pero la luz lo cegaba. Paso un rato asta que se acostumbro. Yacía estirado en una cama de paja, el suelo estaba repleto de pelo y a dos metros de él yacía otro hombre, estaba pálido y llevaba un jubón blanco manchado de sangre, el mismo se estaba agarrando con fuerza la parte abdominal mientras lanzaba pequeños juramente y balbuceaba frases sin sentido. Aparto la mirada de la lamentable escena, cada vez era más conciente del lugar donde estaba. La habitación medía unos tres metros de diámetro y las paredes de madera de las que estaba formada estaban todas manchadas de sangre seca, estaba en un hospital, pero estaba en el único hospital de toda la parte barriobajera de la ciudad, “maldito guardia”. Se intento incorporar, tardo un rato pero al final se levanto tambaleándose, se apoyo en una de las paredes de madera, desde allí pudo ver que al lado de su cama había una mesilla con un cuchillo aun rojo de sangre, lo agarro y limpio la hoja con el jubón blanco con que le habían obsequiado. El reflejo de la hoja le mostró en el lamentable estado en el que había quedado y en el que le habían dejado. Vio a un hombre que si no fuera por su resiente palidez podría haber sido atractivo, tenía una nariz algo afilada y un rostro alargado, en el lugar donde había tenido su cabellera negra ahora solo habían vendas rojas. “¿¡Cómo te llamas cabrón ¡?” Se dispuso a irse de ese antro pero antes necesitaría ropa nueva, inspecciono la sala con mas atención, a los pies de la cama del otro hombre yacía una camisa amarillenta que antaño debía de haber sido blanca y unos pantalones marrones, con manchas mas oscuras en algunas zonas que prefería pensar que eran de sangre. Se vistió con esos ropajes mientras el herido agonizante lo miraba lanzando maldiciones y juramentos. -Tranquilo amigo, por el agujero que tiene tu camisa deduzco que no los vas a necesitar.-Dijo con una cínica sonrisa en los labios. Prefirió no abrochársela para que la mancha roja que tenia en el abdomen no ostentara tanto, se guardo cuidadosamente el cuchillo en los pantalones y salio de la sala. Se encontró con una hilera de puertas que que daban paso hacia unos escalones que descendían, avanzo despacio apoyándose en todo momento en la pared. Mientras caminaba no dejaba de preocuparse del vació que bloqueaba su mente, se acordaba de ciertas cosas, como en el barrio en el que estaba, que esta era su ciudad y esa extraña puerta, pero no recordaba nada mas. Al llegar delante de los escalones casi colisiono con una mujer que subía apresuradamente, era una mujer hermosa, de rostro afable y plagado de pecas, tenía un cabello oscuro que le descendía por los hombros asta casi tocarle los senos, al mirarle a los ojos vio un reflejo vidrioso provocado por las lagrimas. Ella se paro delante de él, inspeccionándolo con expresión de sorpresa. La mujer le sonrió. -Estas vivo.- Le dijo acariciándole la mejilla él la miro aun mas sorprendido, lo había reconocido. La mujer se lo quedo mirando esperando alguna respuesta pero al ver que era incapaz de contestar le cogió de la mano. -Marchémonos de aquí sería problemático que alguien te reconociera.- Y tiro de él mientras bajaba los escalones. Corrió cogido de su mano, tropezando con casi todos los obstáculos con los que topaba. Al bajar se encontraron con mas puertas al pasar junto a una que estaba abierta pudieron ver como dos niños le quitaban los dientes a un moribundo. “No te pares”, había dicho ella, él la seguía, esa mujer sabía algo. Al salir del hospital no dejaron de caminar a una velocidad que a él le resultaba realmente fatigosa. Algunas veces tubo que pararse en medio de callejones diciendo que no podía más, que qué pretendía, que donde lo llevaba. Ella siempre lo miraba extrañada, como si se hubiera equivocado de persona. Cuando se recomponía le volvía a tender la mano para que la siguiera. Apenas cruzaron palabras, pasó el rato y llegaron a un lugar que a él le era más familiar que cualquier otro, el puerto.


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