humor (1094)
    Chistes (398)
    Bromas (29)
    Parodias (203)
    Piropos (67)
    Fabulas (44)
    Citas y Frases (42)
    Sexuales (66)
    Hechos Reales (185)
    Asi soy yo.... (60)
   terror (2721)
    Pesadillas (256)
    Hechos reales (726)
    vampiros (599)
    Terror General (786)
    Espiritismo (125)
    Asesinos en serie (160)
    Teorias (69)
   fantasia (2151)
    Fantasia General (542)
    Romantica (770)
    Epica (233)
    Rol (182)
    Poesia (424)
   pruebas (0)
   criticas (885)
    Deportivas (37)
    Criticas de Cine (145)
    TV y Famosos (77)
    Literatura (49)
    Musica (76)
    Juegos (27)
    Duras (222)
    Generales (252)
   ficcion (1047)
    Ciencia Ficción (194)
    Futuristas (102)
    Snuff (67)
    Ovnis (27)
    Narrativa Libre (661)
 
 Top 5
    Grainstain.:Capítulo ..
    una aventura, la más ..
    La Feria del Diablo
    Martín,el chico más g..
    S. c.A.T. 2
 
Recomendamos
Relatos Cortos, la mayor web de relatos te trae relatos de terror, eroticos, humor, ficcion, fantasia y criticas.
     

  terror > TeoriasAlastor, El Demonio Vengador (teoria acerca de la combustión humana espontánea)

------------------------------------------------------------------------------------
 
se publicó en la web el 16 de Agosto del 2006

Desde entonces este relato ha sido leido 2,932 veces desde que apareció en www.relatoscortos.com, y ha recibido 16 votos.

Los visitantes han dejado escritos 0 comentarios

------------------------------------------------------------------------------------
  Categoría: terror > Teorias
  Titulo:

“Entre todos los destinos inexplicables que pueden aguardar a una persona, quizá el más extraño sea el de "arder" inesperadamente sin que ninguna causa aparente lo justifique. Las víctimas son devoradas por unas llamas tan terribles que en pocos minutos la persona queda reducida a un montón de cenizas carbonizadas. Estos casos han provocado un gran conflicto entre médicos, investigadores y científicos en cuanto a su origen y la posibilidad de que la causa esté en el mismo cuerpo humano (…) (…)El bombero Jack Stacey, acudió al incendio de un inmueble abandonado de Londres. La casa no tenía señales de daños por fuego, pero cuando Stacey examinó su interior, se encontró el cuerpo en llamas de un vagabundo al que conocía como Bailey. Tenía una hendidura de unos diez centímetros en el abdomen -recuerda Stacey-. Las llamas salían por ella con fuerza, como un soplete. Para apagar esta violenta llama, Stacey dirigió el chorro de la manguera al cuerpo del vagabundo, extinguiendo -dijo- la llama en su origen. No hay duda de que el fuego se inició en el interior del cuerpo. No llegó a saberse la causa real del incendio.” http://www.mundoparanormal.com/docs/parapsicologia/combustion_espontanea.html (...) El lugar era tétrico. Las antorchas colocadas de forma equidistante unas de otras iluminaban los largos pasadizos del castillo. Diversas alimañas caminaban por las paredes y sombras misteriosas se movían espectralmente por donde no llegaba la luz. Alaridos y lamentos se escuchaban en la lejanía. El eco traía el sonido del sufrimiento desde allá afuera. Un olor a humedad inundaba el lugar y una ligera niebla que parecía tener vida propia avanzaba ondulándose cerca del suelo. De pronto, ruido de pasos escuchándose a lo lejos empezaban a hacerse cada vez más notorios. Una figura morfológicamente humana, intimidante y poseedora de una alta contextura atlética, se acercaba majestuosamente. Parecía que las antorchas extrañamente se inclinaban a su paso y su luz le iluminaba tenuemente los ropajes negros. Las alas plegadas le daban una elegancia oscura. Alastor se dirigía al recinto principal del castillo. Mientras recorría los pasillos trataba de adivinar el motivo de la llamada que le había notificado el alto mando. El recinto principal era inmenso. Estaba alumbrado por antorchas aún más grandes y se observaba un gran trabajo en el detalle de la arquitectura. Las grandes columnas estaban grabadas con símbolos y dibujos de seres sobrenaturales. Al frente, el trono principal se alzaba sobre un altar iluminado. La luz provenía de la parte posterior por lo que no se percibía si había alguien sentado en él. Los grandes y pesados sonidos de los cercanos pasos de Alastor rompían el silencio imperante. Luego una voz gruesa habló. - Mi señor, aquí estoy como me llamaste- Una figura se levantó del trono, una figura aún más intimidante y majestuosa. Infundía miedo a todo aquel que se atreviese a mirarle. Caminó hacia Alastor y éste se hincó para hacerle reverencia. - Levántate amigo mío, tengo una misión más para ti- Lucifer puso su mano izquierda sobre el hombro derecho de Alastor, haciendo que se levantara. Luego le dió la espalda y mirando hacia una columna comenzó a hablar. - Alastor, discípulo de Samael. Fantasma de la exterminación y el castigo. Hoy harás honor a tu título de Demonio Vengador una vez más. El Consejo de Justicia Infernal te ha confiado nuevas ejecuciones. Algunos hombres han vuelto a cometer actos sacrílegos contra nosotros y no podemos permitir, por supuesto, que un gusano humano se digne siquiera el ofendernos. Deberás cumplir la pena máxima. Está decidido.- luego girando y mirándole a los ojos le dijo - … ya sabes qué hacer.- Una sonrisa de placer apareció en el rostro de Alastor. - Como usted desee mi señor. Considérelo hecho- Con un leve movimiento de cabeza Lucifer asintió y Alastor volvió a hincarse para retirarse del recinto principal. Mientras salía al pasillo una presencia le interrumpió el paso abruptamente. Era mucho más grande que él. Tenía un aspecto pesado y llevaba dos pares de inmensas alas. Sus oscuros ropajes estaban rústicamente adornados mostrando un diseño que alguna vez fue bellísimo. Alastor bajó la cabeza mostrando respeto a la espectral presencia. - Asegúrate de no cometer algún error esta vez- le advirtió la inquietante figura. - No lo hará esta vez- dijo Lucifer alzando la voz desde su lugar, y añadiendo le habló a Alastor – Mantén estrictamente oculto el secreto de tu existencia en la realidad humana. Tienes el permiso de eliminar a quien sea para mantener esta regla- Alastor asintió. La presencia se movió a un costado y le dejó partir. - Sabes que soy un desconfiado Lucifer, a pesar de que él sea uno de nuestros mejores demonios- Lucifer, mostrando una clara confiabilidad y seguridad hacia Alastor, trató de calmar a la fastidiada figura. - No te preocupes Satanás. Todo saldrá bien- - Si por mí fuera - replicó burlescamente Satanás- para eliminar a alguien, me sería más fácil aniquilar a toda la humanidad de una sola vez. Sería más practico ¿no?- Las ruidosas carcajadas de ambos sonaban como truenos en el recinto. Afuera una lluvia ácida caía sobre los vastos territorios del infierno. Vladimiro Kurniev regresaba a su casa como todas las tardes. Obeso y con varios años sedentarios encima no hacía más que comer y observar los deportes en la televisión. No tenía familia, su egoísmo lo llevaba a no compartir nada. Su carácter era arisco, no le gustaba ser amable con las personas; creía que los demás buscaban su amistad por conveniencia. Él no estaba para ayudar a nadie, mucho menos para respetar a nadie. Había desafiado muchas veces al destino y había salido victorioso. No creía en Dios, no le interesaba para nada esa mitología inútil. Estaba tan convencido de su suerte y de sus facultades propias que se jactaba incluso que ni el mismísimo diablo podía hacerle nada. Después de engullir cuanto podía a la hora del almuerzo, se sentó en una de sus sillas de descanso al lado de su cama dispuesto a prender el televisor. Emocionado presionaba el control remoto efusivamente. El día estaba nublado, pero ello no impidió que una inexplicable sombra avanzara sigilosamente por la tranquila zona urbana (¿Cómo podría haber una sombra si no había sol?). Los animales domésticos se mostraban nerviosos de un momento a otro. A los perros de las casas vecinas se les erizaban los pelos y aullando iban a esconderse donde podían. El ambiente se notaba pesado, algo que no pertenecía a este mundo mostraba de cierta forma su existencia. La sombra entró en la vivienda de Vladimiro y después de localizar a su presa, empezó a avanzar atravesando las paredes. Vladimiro empezó a sentir de improviso un extraño sueño. Las ganas de seguir viendo los deportes se le iban y sus párpados le pesaban cada vez más. Luchaba por quedarse despierto pero finalmente sucumbió al sueño. La puerta se abrió y entró una figura alta y oscura. Las alas le cubrían la espalda y sus ojos mostraban una falta de misericordia. El demonio se acercó al obeso humano y dio un ademán de sentir asco. La misión era demasiado fácil, no mostraba algún tipo de dificultad. Alastor movió su brazo derecho para desenfundar su letal arma que estaba asida al lado izquierdo de su cintura. La poderosa espada de fuego hacía brillar más y más la habitación mientras era desenvainada. Se colocó al lado del condenado y levantó sobre él la incandescente arma. Después de algunos segundos de tiempo y sonrisas maliciosas, Alastor arremetió contra el humano. La espada cortó el aire y con un ruido sordo atravesó el cuerpo de Vladimiro. Extrañamente, después del suceso, éste se encontraba intacto. No había señal de golpes o cortes, mucho menos de sangre. Tranquilamente Alastor retrocedió algunos pasos anticipándose a lo que estaba por suceder. Un olor a quemado empezaba a mostrarse en el ambiente. El cuerpo del obeso humano comenzaba a tomar un color rojo intenso. Algo en él se quemaba desde el interior. Algunos segundos después, llamaradas nacían violentamente desde sus entrañas, como sopletes a altas temperaturas. Inexplicablemente en todo el proceso la víctima no se movía, no se despertaba, parecía dominada por aquel misterioso sueño. La combustión fue fugaz. Su alta velocidad hizo que sólo el cuerpo se consumiera sin quemar otras cosas materiales de la habitación. Al final, sólo quedaba un conjunto de blancas cenizas sobre la silla y algún tipo de humo azulado alrededor. El suelo estaba cubierto de un pegajoso líquido amarillento y grasoso. De Vladimiro solo restaban las extremidades inferiores. Los restos de las piernas incompletas (desde las rodillas hasta los pies) daban evidencia de que alguna vez él había existido. Alastor satisfecho se aprestaba a salir. Sonreía por la suerte del pobre incauto. No existe peor sentencia para una persona que el que su alma sea destruida. El poder destructivo de las espadas de fuego es inmensamente suficiente como para cometer tal acción. El alma golpeada por una de ellas empieza a arder de forma tal que afecta el cuerpo físico del humano. Por eso no reacciona el incauto, simplemente porque su alma ya no existe. A Alastor le daba gracia ese destino. Los humanos lo merecían. Si por él fuera, los mataría a todos de esa forma. Empezó a alejarse para seguir con su itinerario de ejecuciones. Le incomodaba estar mucho tiempo en la esfera terrestre, pero su prisa no debería convertirse en un factor influyente. En alguna ocasión esa misma prisa casi le cuesta el ser descubierto por los hombres, los cuales casi seguramente investigarían el suceso con su “ciencia” (un bombero irrumpió hacía algún tiempo en una de sus sesiones de muerte). Por suerte su error no pasó a mayores. Añoraba la impunidad y el libertinaje de la esfera infernal, y pensando en ello, cambió de forma para trasladarse al lugar de su próxima víctima. La efectividad de sus acciones eran tales que no en vano se había ganado el titulo de El Demonio Vengador de los Infiernos. (Fragmento de “El Octavo Arcángel: Apocalipsis”, Alexis Ruiz)


------------------------------------------------------------------------------------
Vota este relato
0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10

------------------------------------------------------------------------------------
Comentarios
 



Busca relatos


InicioAgregar a favoritosPoner como página de inicio



siguenos en feedsiguenos en facebook.comsiguenos en twitter.com

¡Tu también nos puedes enviar tus propios relatos!
[Enviar relato]








Web desarrollada con Iwcms.com
Impresiones Web, SL. C/ San Bernardo, 123, 7ª Planta;28015, Madrid (España).Tlf: +34 911 61 01 13 E-Mail : info@impresionesweb.com
Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid, Tomo 19602, Folio 112, Sección 8ª, Hoja M-344480, con CIF B-83844787.